La política ha sido cruel con los aficionados castellano-manchegos al poker. Les dio un caramelo y justo cuando se lo iban a meter en la boca, les pegó un manotazo y el caramelo saltó por los aires y cayó a un charco.
Me explico un poco. Esta historia comenzó con un mal presagio. El pasado 28 de diciembre, día de los Inocentes, como si de una broma pesada a largo plazo se tratase, apareció publicada en el Boletín Oficial de las Cortes de Castilla-La Mancha una proposición de Ley del juego y las apuestas de Castilla-La Mancha, presentada por el Grupo Popular.
Dicho texto daba pie a la organización legal de partidas de poker fuera de los casinos, en los «establecimientos de juego» (lo que nosotros llamamos «clubes de poker«).
Los aficionados de esta región se frotaban las manos porque podían pasar de ser los más perjudicados a los más envidiados de toda la geografía pokerística española. Podían pasar de tener que desplazarse fuera de su comunidad autónoma, a los casinos de Madrid, Aranjuez o Alicante, a poder jugar cerca de sus casas, en clubes de poker.
Parecía un sueño, pero acabó convirtiéndose en una pesadilla.
La Asociación Española de Casinos de Juego (AEJC) criticó duramente lo que ellos consideraban la «barra libre» para los clubes de poker. Y mostró públicamente su rechazo al proyecto, argumentando que los casinos quedarían en una situación de desventaja competitiva y que se pondría en riesgo la unidad del mercado.
Por su parte, los jugadores locales empezaron a organizarse en la Asociación de Poker de Castilla-La Mancha (APOCAM), utilizando como medio de difusión de sus planteamientos la web de www.pokerlamancha.com.
Quizá movido por la influencia de los casinos, el gobierno de Dolores de Cospedal dio marcha atrás en el último momento. El 9 de mayo fue publicada la ley en el Diario Oficial de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. El texto final -que será finalmente aprobado el 9 de noviembre- incluía muchos obstáculos para la aparición de los ansiados clubes de poker.
Los empresarios habrían de realizar una fuerte inversión en crupiers y medios de seguridad, aparte de dedicar una importante superficie de sus locales a las mesas de poker (300m2). Así mismo, habrían de pagar unas duras tasas iniciales y un elevado % de los beneficios en concepto de impuestos.
Además, la ley prohibía las transacciones económicas entre jugadores, lo que hacía complicado el juego con dinero real…
Vamos, un fiasco.
La publicación de la ley frenó en seco el avance de los clubes de poker.
No obstante dio pie a nuevos proyectos. Desde entonces, varios grupos empresariales han empezado a moverse con el objetivo de abrir casinos en las principales ciudades de la comunidad.
El primero en conocerse fue el de Cuenca, donde unos empresarios extremeños se están planteando abrir un establecimiento de juegos de casino en una antigua discoteca.
No obstante, ahora se ha conocido otro, que también está bastante adelantado, y que tiene como objetivo abrir un casino en Toledo.
El proyecto ha sido encargado al abogado Juan José Sánchez Colilla, quien está estudiando la viabilidad económica de la empresa, que de hacerse realidad, ocuparía el antiguo casino social de la ciudad imperial, un edificio catalogado como histórico-artístico y que se encuentra en el centro histórico. Sin duda, sería un imponente marco para un casino.
Ojalá este y los demás proyectos no se queden solo en eso. Ya es hora de que mis amigos castellano-manchegos puedan jugar sin viajar tanto. Además, así tendría más excusas para ir a visitarles.







