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Henry Orenstein: el juego de la vida

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Hoy es uno de esos dí­as en que la vida conspira para poner en las yemas de tus dedos una historia que pide a gritos ser contada.

Esta semana se cumple el 70 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, siniestro sí­mbolo del Holocausto, uno de los episodios históricos que peor hablan de la condición humana.

Las imágenes de la insultante mentira de hierro forjado bajo la que desfilaron millones de personas hacia su muerte – «arbeit macht frei», el trabajo te hará libre-, revisadas por causa de la efeméride, aún revoloteaban en mi cabeza cuando vi a Henry Orenstein en la portada de AssoPoker. Orenstein, además de ser considerado uno de los hombres clave en la reinvención del poker como entretenimiento de masas, es también uno de los supervivientes del Holocausto.

Entrada de Auschwitz. Foto: Tripadvisor

De todos los miembros del Poker Hall of Fame nadie ha tocado tantos aspectos distintos del juego como este anciano caballero de origen polaco. Anciano de los que no mantienen papeles ni memoria exacta de su fecha de nacimiento. La Wikipedia sitúa el inicio de su notable biografí­a en año 1923. Numerosas otras fuentes consultadas lo retrasan hasta 1925.

En las épocas más terribles y en las más gozosas, su vida ha sido un juego. Se apostó su vida a una mentira para sobrevivir a los campos de concentración; convirtió el ansia por jugar de los niños en su medio de vida; disfrutó como jugador de la consecución de un brazalete de las WSOP y, finalmente, aportó al juego del poker la patente de la cámara para ver las hole cards, el adelanto técnico que dio lugar a la época dorada del poker en televisión.

Sea cual sea la verdadera edad de Henry Orenstein, la invasión alemana de su paí­s de origen en 1939 le poní­a en inmediato peligro, por su condición de varón, su juventud y su fe. Henry, sus tres hermanos mayores- Fred, Felek y Sam**- y su padre dejaron atrás a su madre y a una hermana, la benjamina de la familia, para buscar un lugar fuera del alcance de los nazis. Pronto no hubo ningún lugar seguro para los judí­os en Centroeuropa, y la familia se reunió de nuevo en casa para intentar esconderse juntos.

Los nazis les capturaron en 1942. Los jóvenes fueron separados de sus padres, que fueron asesinados casi de inmediato, y los chicos de su hermana Hanka. Las noticias sobre el bienestar de Hanka se fueron espaciando con el paso de los años y los traslados a diferentes campos -Orenstein estuvo internado en Budzyn, Majdanek, Plaszow, Ravensbruck y Sachsenhausen-, hasta que no supieron más de ella.

La historia de cómo logró sobrevivir a esta negra época se puede consultar en su libro «I Shall Live: Surviving the Holocaust 1939-1945», aunque el propio Orenstein la resumió en 2005 para el completí­simo perfil que le dedicó la publicación JewishTelegraphicAgency.

«Por aquel entonces, nos habí­amos enterado que unos dí­as antes habí­an asesinado a todos los 17.000 internos judí­os de Majdanek, así­ que pensé que pronto llegarí­a nuestro turno.

De aquella, los mensajeros estaban preguntando entre los judí­os por cientí­ficos. Para conseguir tiempo, me registré a mí­ y a mis hermanos como cientí­ficos y matemáticos, aunque no lo éramos. Estaba apostando por tiempo. Y resultó ser una buena apuesta.»

Lo que los nazis estaban buscando era mano de obra para un proyecto especial, un gas paralizante que el ejército alemán querí­a utilizar contra los tanques aliados. Por suerte, Henry se encontró con que el supuesto proyecto armamentí­stico era un montaje orquestado por un grupo de cientí­ficos alemanes que no querí­an acabar enrolados en el ejército y las únicas pruebas que requirieron de su pericia fueron unas operaciones aritméticas que podí­an ser resueltas «por un niño de 8 o 9 años».

El engaño les permitió seguir con vida hasta que los aliados empezaron a liberar el territorio ocupado por los nazis, hasta llegar a la propia Alemania. Los americanos y británicos, por el oeste, y los soviéticos, por el este, fueron topándose de bruces con la espantosa realidad de la polí­tica nazi de exterminio.

Ante la inminente llegada del ejército soviético, el 21 de abril de 1945, los guardias de Sachsenhausen recibieron órdenes de vaciar las instalaciones y trasladar a los 33.000 internos capaces de andar hacia el noroeste. Las columnas de prisioneros, como la que incluí­a a los tres hermanos Orenstein caminaron entre 20 y 40 kilómetros diarios durante más de una semana, vigilados por los SS y por presos comunes alemanes que estaban también retenidos en Sachsenhausen.

Dormí­an al raso y no recibí­an ningún tipo de alimento. Aquellos que se retrasaban en busca de comida eran ejecutados, y 7.000 personas murieron de hambre en los primeros dí­as de lo que hoy se conoce como la «marcha de la muerte de Sachsenhausen».

La Cruz Roja consiguió que la orden de ejecutar a los rezagados fuera revocada y empezó a repartir suministros entre las columnas y, finalmente, los guardas desertaron. El ejército rojo rescató a los supervivientes entre el 3 y el 6 de mayo de 1945.

Como para tantos otros, no hubo final feliz para los jóvenes Orenstein. Un avión aliado atacó uno de los trenes en el que los alemanes intentaban terminar el traslado de prisioneros, tan solo dos dí­as antes de ser liberados, y Felek recibió una herida de bala en la pierna y no podí­a seguir caminando. Los guardas lo ejecutaron. Sin que ellos lo supieran, Hanka habí­a fallecido vencida por el frí­o en una marcha similar en enero, desde el campo de Stutthof.

Orenstein emigró a Estados Unidos en 1947. Su primer negocio fue una tienda, y con los beneficios de su venta levantó una fábrica de juguetes. Fue su sustento durante décadas, hasta que quebró en 1973. Su currí­culum en el sector le consiguió un trabajo en Hasbro, la marca que confió en la experiencia de Henry para lanzar su idea de una lí­nea de robots con miembros articulados que les permití­an tomar forma de diferentes vehí­culos: los Transformers.

A principios de la década de los 80, Orenstein repartí­a su energí­a entre su actividad profesional y sus aficiones, entre las que destacaba el poker. La ESPN ya emití­a algún contenido pokerí­stico, que no acababa de enganchar a la audiencia.

«Era muy, muy aburrido. De hecho comprobé las audiencias, y eran muy pequeñas. Era fácil entender por qué. Si no ves las manos, ¿cómo te va a interesar? Entonces me asaltó un pensamiento: si pudiéramos conseguir de alguna manera que el público pueda ver todas las cartas, las tapadas y las comunitarias, est serí­a mucho más interesante.»

Acostumbrado a pensar en términos de patentes, ensambló un equipo de ingenieros para diseñar una mesa con pequeñas cámaras internas que permitieran enfocar las hole cards. La patente de la cámara convierte a Henry en el padre de todas las retransmisiones de poker con cartas a la vista.

Nuestro protagonista también consiguió dejar su firmar en el libro de oro de las WSOP, como campeón del torneo de Stud de 5.000$ en la edición de 1.996. En los últimos compases del torneo compartió mesa con el legendario T.J. Cloutier, ganador de seis brazaletes; una de las pioneras del poker femenino, Cindy Violette, y el estandarte del poker latino durante el boom de la pasada década poker, Humberto Brenes, al que derrotó en el heads-up.

Como guinda a esta trayectoria vital que nos permite unir un periodo tan fascinante de la historia con el poker, Henry Orenstein fue seleccionado en 2008 para formar parte del Poker Hall of Fame, por su aportación a lo que podemos llamar la invención del poker moderno.

Orenstein eliminado por Hellmuth. Foto: Jayne Furman

¿Lo mejor de todo? Que aún podemos escuchar todas estas asombrosas historias de sus propios labios. En 2014 dio el «shuffle up and deal» del torneo de 10.000$ de Stud de las WSOP y, ya de paso, se quedó a la mesa, dejando en el camino a la gran mayorí­a de los 102 participantes para terminar octavo eliminado por Phil Hellmuth en la que es su última caja recogida por los anuarios pokerí­sticos.

Todaví­a queda mucho juego en la vida de Henry Orenstein. Ojalá quede mucha vida también en este superviviente.

**Las reseñas del libro consultadas hablan de Sam, Felek y Henry como los tres hermanos que se mantuvieron juntos a lo largo de la guerra. El fallecimiento de Hanka, la identificación de Felek como el hermano asesinado en 1945 y la existencia de Fred figuran en la genealogí­a familiar recogida en la página www.geni.com

Otras fuentes:

PokerNews: Henry Orenstein: The Holocaust Survivor and Inventor Who Forever Changed Poker

ReviewsbyJo: I Shall Live: Surviving the Holocaust 1939-1945

ScrapBookPages: Death March out of Sachsenhausen

EverythingExplained: Henry Orenstein Explained

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