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El ‘abuelo Doyle’ se pone a contar batallitas

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 Parece ser que los días en que Doyle Brunson entraba en su blog para hacer declaraciones sobre el asunto de Full Tilt Poker han llegado a su fin. Ahora, ha elegido una línea editorial, mucho más divertida y entretenida, que a buen seguro dará mucho de si: batallitas personales de antaño.

Si amigos, por lo visto, el «padrino» del poker, a petición popular, va a comenzar una serie de entradas en las que narrará sus experiencias vividas cuando estaba dando sus primeros pasos en esto del poker. Según él mismo menciona en su última entrada en el blog, Doyle Brunson fue robado a punta de pistola cinco veces, y esas serán las que nos cuente a todos sus lectores.

La primera de ellas la sitúa en el 1957, cuando nuestro narrador tenía 24 años, edad con la que se empezó a dedicar al poker a tiempo completo. Empezó a jugar en el estado que le vió nacer, Texas, más concretamente en Fort Worth, en una calle llamada Exchange Avenue, la cual era la más violenta y dantesca que podría alcanzar nuestra imaginación: «Personalmente llegué a ver a cinco personas asesinadas en plena calle antes de que yo me fuera, y cuando ésto pasó, me llegaron noticias de más asesinatos«.

Concretamente, la noche en la que Doyle sitúa los hechos, se encontraba jugando junto a su amigo de aventuras Sailor Roberts, en la parte de atrás de un local de billares:

La puerta que daba a la sala donde estábamos jugando se abrió de repente, y cuatro hombres vestidos de policía y con armas cargadas entraron. Nosotros intentábamos protegernos de que nos robaran, llevando con nosotros un hombre armado con una escopeta, que se sentaba tras nosotros, pero cuando vio a los policías uniformados, inexplicablemente soltó su arma. Estábamos acostumbrados a ir arrestados, teniendo que ir hasta la comisaría más cercana y pagar la correspondiente multa por juego ilegal para luego quedar libres. Eso formaba parte del riesgo por jugar fuera de los casinos, pero cuando estos tíos empezaron a quitarnos nuestro dinero que teníamos sobre la mesa, y nos pidieron que nos vaciáramos los bolsillos, nos dimos cuenta que estos «policías» no eran tal, sino que eran simples ladrones.

Mi mejor amigo en esos momentos era Sailor Roberts, el cual tenía un humor terrible cuando se volvía loco, lo cual no ocurría muy a menudo. Sailor se puso a insultarles, y se negó a darles el dinero. El resto de nosotros intentamos calmarle, pero no sirvió de nada; uno de los ladrones le golpeó con la culata de su pistola en los morros, y le hizo saltar por los aires uno de sus dientes. Así se acabó lo de hacer de héroe. Los ladrones se fueron con nuestro dinero, y nunca más volvimos a oír hablar de ese asunto. En la Avenida Exchange este tipo de asuntos nunca se informan a la policía. Lo aceptábamos como el precio que había que pagar por nuestro estilo de vida.

Así es como «el abuelo Doyle» pone punto y final a la primera batallita que nos ha contado a todos sus lectores en su blog. A buen seguro que un hombre que lleva tanto tiempo en este mundillo, tendrá muchas más cosas que contarnos.  

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