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Tengo derecho a ser un primo

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¡Ah! Cómo ha cambiado la escena del poker mundial y de nuestro paí­s en particular. ¿O quizá no?

Hago esta reflexión porque, allá por el año 2005 cuando abrí­ por primera vez un software de poker, aún no te llamaban anticuado si citabas grandes frases del poker como esa que dice que «si no puedes detectar al primo de la mesa en 30 minutos, es que el primo eres tú». También habí­a otra cita famosa que decí­a «puedes esquilar a la oveja muchas veces, pero degollarla sólo una». Aunque son frases que provienen de la edad de piedra del poker, creo que aún siguen vigentes en la actual era digital.

En aquellos años descubrí­ que al poker no se ganaba faroleando. Que existí­an unas cosas llamadas odds, outs y rangos. Al principio, conocer esos pocos detalles te colocaban automáticamente por encima de la media de los jugadores que se podí­an encontrar en internet. Hoy en dí­a, apenas queda nadie que no haya escuchado las palabras «fold equity» en algún torneo televisado.

Tuve la suerte de compartir y analizar manos con quienes hoy son grandes figuras, tales como «Amatos«, Ernesto Jiménez «grischuk», «alekhine«… y con alguno más que se ha quedado por el camino. Mis contemporáneos recordaréis a los «boltrok«, «raindrop«, «nutter«… gente que, en mayor o menor medida, ayudó a forjar los cimientos de lo que es el poker online actual de nuestro paí­s pero que, lamentablemente, no alcanzaron «la gloria».

Algunos, como digo, llegaron a convertirse en grandes figuras, otros abandonaron la senda del naipe y otros, como es mi caso, ni esto, ni aquello, ni lo de más allá sino todo lo contrario. Empecé siendo un aficionado, luego conocí­ la parte de la industria, tuve un periodo en el que me ganaba la vida jugando… y ahora he vuelto a la parte de la industria. En mi caso concreto, las diferentes circunstancias personales me impidieron desarrollar una carrera como jugador exclusivamente. Esas circunstancias no me dejaron tiempo para poder jugar y estudiar mi juego todo lo que me hubiese gustado y, finalmente, aquí­ me encuentro, con bastantes conocimientos sobre el juego como para saber de lo que hablo pero sin poder llegar a considerarme un estudioso del mismo, alguien que esté al tanto de las nuevas lí­neas de juego, tendencias… o que pueda desarrollarlas.

Pero lo cortés no quita lo valiente. Me sigue gustando jugar de vez en cuando, como aficionado, desde un enfoque recreacional. Yo soy de esos que mantienen el tan-mencionado-en-los-últimos-dí­as ecosistema del poker. Yo soy de los que deposita y no retira si no tengo un dí­a «de suerte».

Soy consciente de mi condición y no me molesta, al contrario, estoy a gusto con ella (a fin de cuentas, puedo presumir abiertamente de tener bankroll infinito por aquello de que juego lo que me sobra cada mes). Estamos acostumbrados a escuchar el término semi-pro. Quizá los de mi especie, porque obviamente no soy el único, hemos dado a luz a un nuevo tipo de jugador, el semi-primo. Jugamos porque nos gusta el juego, porque es emocionante, porque hoy está lloviendo a cántaros y no podemos salir a dar una vuelta con la moto… Y, mira, si de paso caen unos euritos, pues eso que nos llevamos.

Pero oye, tampoco soy gilipo**as. Sé que contra determinados jugadores no tengo edge. Sé que hay gente que sabe mejor que yo mismo cómo juego y cuántas veces me tiro ante una 4-bet. Y, aunque mi selección de mesas se limita a jugar un par de vueltas de botón y ver cómo respira la gente, también sé que si veo que «la cosa está malita» no voy a regar mi dinero porque sí­.

Es por eso que estoy a favor de las medidas que últimamente están adoptando las salas para proteger a los primos, tales como la segregación de jugadores, porque soy uno de ellos. No me gusta entrar a una mesa y sentir que si extiendo la mano me la va a morder un tiburón. He oí­do -leí­do más bien- voces que se alzaban contra estas medidas; obviamente provení­an de regulares, pros y s-pros. El argumento que más me rechina de los que utilizan es aquel de que «el software de apoyo está al alcance de todos, que lo utilicen ellos también». Pero oiga, que usted no conoce las circunstancias concretas por las que no utilizo esos programas. A lo mejor tengo responsabilidades en mi vida diaria que no me dejan tiempo para jugar y analizar el suficiente número de manos. Pero, oiga, encima de que viene usted a llevarse mi dinero, no me insulte diciéndome que me lo quita «porque puede».

Usted, que se cree tan inteligente, deberí­a saber que la gente se acaba yendo de donde no se encuentra a gusto. Piense que Phil Galfond solo hay uno y que, si no respeta a los que están por debajo de usted en la cadena alimentaria y esas capas inferiores acaban desapareciendo… terminará siendo usted quien se encuentre en esas capas inferiores. Usted, que es tan listo para unas cosas, deberí­a mostrar también cierta «inteligencia medioambiental» y cuidar mejor a quien le da de comer. No «ladre» contra el que le suckoutea en el river. Deje que los recreacionales sigamos divirtiéndonos mientras regamos nuestro dinero. Usted sabe que, a la larga, es ganador.

No entraré ahora a dar mi opinión sobre cómo se ha llegado al punto en el que las salas, como si fueran monitores de recreo, tienen que ser las que se dediquen a cuidar de que los abusones no maltraten a los más «weaks». El caso es que hemos llegado a este punto y es obvio que es un punto peligroso. Los primos somos los que damos de comer a los regulares y los pros. Si queréis seguir teniendo los márgenes (cada vez más pequeños) que tenéis ahora, por favor, respetad nuestro derecho a ser unos primos.

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