Desde que entró en vigor la regulación del juego online en España, la imagen que más asociamos a nuestros mejores jugadores de poker es la de la cola de un aeropuerto, con la maleta a los pies.
Es más que probable que la profesión de jugador de poker sea la que más porcentaje de emigración tenga en España, junto a la de personal de plataforma petrolífera, responsable de laboratorio y astronauta. Pero el caso de «trujustrus», como muchas cosas en él, es exagerado.
Los colegas de Pocketfives le dedican un amplio artículo a Sergio Cabrera basado en una entrevista, en la que desgrana su periplo por Europa durante estos cuatro años que llevamos de mercado cerrado en nuestro país.
Soy un luchador. Parece como si desde el mismo momento desde el que empecé a jugar al poker, las circunstancias y el panorama hayan ido empeorando lo más posible. He vivido en cuatro países diferentes en los últimos cuatro años. No es lo que quiero, pero he aprendido a aceptar las cosas que se escapan a mi control y concentrarme en las que sí puedo controlar.
El plan original fue mudarse a Faro, en el sur de Portugal.
Los mejores regulares de torneos estaban allí y soy de Granada, que está a cinco horas en coche. En un par de meses, había trabado amistad con ellos y vivíamos puerta con puerta. Desde aquella somos como una familia.
Problemas para jugar en Portugal le hicieron pasar medio año en Bristol, Reino Unido. En el momento en que parecía que la regulación portuguesa iba a ser mucho más abierta de lo que es, intentaron volver a Faro, pero cuando se confirmó que no iba a ser así, se mudó a Cardiff, en Gales. Por el camino, Sergio también pasó unos meses en la República Checa.
Ayuda que todo nuestro grupo vamos rotando juntos. Mucha gente de la que estaba en Faro está ahora en Cardiff, conmigo.
¿Y por qué aguantan todo esto, te preguntarás? La respuesta es sencilla. Son muy buenos en lo suyo. Sergio lleva más de 2.000.000$ en premios en torneos online -premios, ojo, tampoco te vayas a pensar-.
Me gusta el poker. No hay ninguna posibilidad de encontrar otro trabajo en el que pueda ganar algo siquiera cercano a lo que gano jugando al poker, así que no tengo ni que pensármelo. El poker es el mejor ejemplo de relación amor-odio. Tienes que relajarte y seguir trabajando bien cuando las cosas vienen mal dadas y disfrutar cuando llegan los buenos tiempos.
Bien dicho. Ahora, a sacar a relucir toda esa experiencia en hacer maletas para preparar el desembarco en las WSOP. Suerte.
