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Los saltos de banca de Ivey en en Borgata y el Crockfords llegarán al cine

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El nombre de Phil Ivey es demasiado grande.

Todos hemos caí­do en la simpleza de hablar de las «andanzas de Ivey en las mesas de baccarat», «el juicio de Ivey contra el Casino Crockfords», la «negativa de Ivey a acatar la sentencia que le obliga a devolver 10.000.000$ al Borgata». Los problemas de Ivey. Las trampas de Ivey. Los juicios de Ivey.

En realidad, en aquel verano de 2010, Ivey estuvo acompañado en todo momento por una mujer de origen asiático, Cheung Yin Sun, conocida como Kellly Sun. Hay que abundar más en esa figura. Se supone que Sun fue la que descubrió como aprovechar el defecto en las barajas para que la pareja pudiera desbancar a los casinos. Era ella la que engatusaba a los croupiers para facilitar las lecturas que derivaban en apuestas ganadoras.

Y es en Kelly Sun en la que se han fijado los productores de Hollywood, que quieren hacer una pelí­cula sobre su vida.

La base del guión va a ser una entrevista que la hasta entonces esquiva Sun le concedió a Cigar Aficionado en 2017. En ella la presentan como «Baccarat Machine», o «The Baccarat Queen». Sun se rodeó de bolsos y zapatos de alta gama en su ático de lujo de Las Vegas para mostrar todos los bienes materiales que le ha rentado su vida como jugadora de ventaja.

Desprovista de su coraza, Kelly demostró la simpatí­a y las capacidades sociales que poní­a a prueba con el personal de los casinos a los que desplumó, mientras desgranaba una historia digna de cualquier melodrama.

La Revolución Cultural de Mao mandó a su padre a la cárcel, y ella y el resto de su familia acabaron en un campo de trabajo. Creció en la más absoluta pobreza.

Cuando Mao murió y su padre recobró su fortuna, Kelly se resarció de todas las penurias pasadas. Aún menor de edad y con el dinero de su padre, visitaba regularmente Hong-Kong y Macau, en especial sus casinos. Una noche memorable en las mesas de baccarat la convenció para viajar por todo el mundo y hacer del juego su hobby y también su ocupación principal.

Kelly era adorada por el personal de los casinos. Sobre todo porque perdí­a verdaderos dinerales.

Un dí­a, en un casino estadounidense, conoció a un gambler profesional, que la tomó como aprendiz. Ya plenamente integrada en el mundillo de los jugadores de ventaja -ficha policial incluida-, ideó su táctica personal para aplicar la técnica del «edge sorting» al mini bacarrat. Aprendió a diferenciar las cartas según el patrón de corte en el gráfico del dorso y a usar las maní­as y supersticiones de los jugadores asiáticos para manipular a los crupieres.

Kelly comprobó la efectividad de su método en los mejores casinos de Las Vegas. Ganaba mucho, mucho dinero, pero necesitaba alguien que proveyera fondos para subir las apuestas. Su antiguo mentor se enteró de que Phil Ivey habí­a ganado torneos en los Aussie Millions y su banca se encontraba en una de sus épocas más saneadas. Se ofreció a presentárselo a Sun, a cambio de un porcentaje.

Kelly se encontró con el jugador de poker en Melbourne y en el propio Crown le demostró la fiabilidad de su método. Ivey reconoció de inmediato las virtudes del plan de Sun. El resto de la historia la conocemos gracias a los sumarios de los juicios.

A Kelly ya la reconocen a simple vista en la mayorí­a de casinos de Las Vegas. Le cierran las puertas, pero tiene planes para seguir saltando bancas. En Macao pasa más desapercibida. También está dispuesta a formar a otros gamblers, como en su dí­a la formaron a ella.

Es posible que sepamos algo más cuando veamos la pelí­cula.

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