ísta es realmente una historia muy, muy rara. ¿Qué probabilidades hay de que te atraquen dos veces en la misma mañana y de salir victorioso de ambos enfrentemientos? Muy pocas, ciertamente. Eric Riley es un héroe y un tipo que tiene en alta estima cada centavo que gana.
Es un jugador británico que lleva jugando de manera profesional desde 2011. Está en clara progresión y este año ha ganado en torneos en vivo 218.882$. Venía de ganar 82.000$ en un torneo y más tarde se fue a Atlantic City, donde ganó otros 20.000$.
Después de haber hecho los deberes, Riley estaba preparado para emprender el viaje de regreso a casa. Un tipo que conoció en el casino, un tal Junior, le acercó hasta el aeropuerto y cuando Riley se disponía a coger del maletero su bolsa de mano con los 100.000$ en efectivo, el tal Junior arrancó el coche y se dio a la fuga.
Riley se subió al primer taxi que pasaba y, tras darle 400$ al taxista, pudo decir la mítica frase de «siga a ese coche». Al llegar al primer semáforo, Riley se bajó del taxi y recuperó su bolsa del maletero, que seguía abierto. Junior volvió a darse a la fuga, con otras pertenencias de Riley dentro del coche, como ropa y el portátil.
Lo más curioso de esta historia es que en ese momento aparecieron en otro coche dos tipos que aseguraban ser policías de paisano. Riley no sospechó nada y aceptó su invitación de subir al coche para explicarles lo sucedido y poner la pertinente denuncia.
Para su sorpresa, estos hombres no eran policías y en cuanto arrancó el coche le apuntaron al pecho con una pistola. Riley debía de estar ya desquiciado y harto de que le quisiesen dar el palo. Se armó de valor y temeridad y saltó del coche en marcha abrazado a su bolsa de dinero.
Con la ropa hecha jirones, Riley se subió a un nuevo taxi y se fue a Comisaría a denunciar lo sucedido. La policía está investigando ahora si los ladrones estaban confabulados (parece evidente que sí) y la identidad del tal Junior. Riley está a salvo y en casa, abrazado a su dinero. Menudo crack, no debe de ser complicado elimiarle en un torneo ni nada.






