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RIP Doyle: Adiós al padrino del póker estadounidense y del póker mundial

RIP Doyle.

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Doyle Brunson, apodado por sus compañeros de mesa y circuito como «the Godfather of oker», ha fallecido a los 89 años de edad, sin que hayan trascendido aún las causas exactas de su muerte.

Con Doyle perdemos quizá el símbolo más poderoso de nuestro juego, un referente repleto de localismos, desde el sombrero de cowboy hasta el carrito eléctrico que le ayudaba a recorrer los pasillos del Rio, y que sin embargo era sentido y aceptado como universal y cercano en el lugar más recóndito donde se haya podido jugar al Texas Hold’em.

La mejor manera de ensalzar a un mito del alcance legendario de Doyle es examinar detenidamente todas las razones por las que se convirtió en un espejo para tantas generaciones de jugadores, pese a expresar siempre sus convicciones de manera particularmente contundente, como buen texano y votante del partido republicano que siempre se enorgulleció de ser.

Puente entre dos universos

Con Doyle y otros jugadores de su generación, aprendimos que el póker que conocemos ahora, expuesto al público como un entretenimiento casi familiar en la Red, la televisión y los casinos, era en su día una herramienta más entre los oficios de los vividores y los estafadores, que se practicaba en los garajes y la trastienda de los peores antros.

Los pioneros de nuestro deporte mental dependían tanto de su habilidad en el juego como de la suerte de evitar ser encañonados y robados para cerrar una sesión en verde. Los Rounders a los que hacía referencia la película que marcó una generación existieron, y durmieron más horas en sus coches que en una habitación de motel.

Gracias a las anécdotas que Doyle rectaba en su blog acerca de sus compinches, como Amarillo Slim o Sailor Roberts, conocimos la historia de cómo los mismos buscavidas que montaban timbas ilegales de ciudad en ciudad fueron los encargados de representar a la incipiente comunidad del póker cuando los casino de Las Vegas comenzaron a adoptar al póker y darle la pátina de respetabilidad de la que hoy goza.

Fueron ellos los que fueron a los platós a hablar sobre los primeros premios importantes que se dieron en las WSOP y sobre las primeras poker rooms que se abrieron en Estados Unidos.

El primer campeón a imitar

Las WSOP han sido el escenario recurrente en el que el público ha situado la cara amable de nuestra industria tras años de verse representado como una actividad restringida a un salón en penumbra, asfixiado por una nube de humo de tabaco y practicado por pendencieros y maleantes.

El sueño de Mike McDermott era derrotar a Johnny Chan y demostrarse a sí mismo que era digno aspirante a ganar el Main Event. Chris Moneymaker se convirtió en un invitado recurrente de la televisión estadounidense a raíz de ganar un premio millonario en las Series partiendo de un satélite de menos de 100 $ de coste. Las WSOP eran la chaqueta verde del póker, nuestra copa Jules Rimet, nuestro Wimbledon.

Las WSOP se instalaron en la conciencia de la marea de jugadores que descubrimos el póker al inicio del siglo XX como la Meca del póker, un lugar de peregrinación al que todo jugador que se precie debería ir algún día. Y en las WSOP, en aquella era de violenta expansión y aceptación, muy pocos brillaban como Doyle.

 

Brunson formó parte del primer grupo de 10 jugadores que acudió a la invitación de Binion para la inauguración de las WSOP en 1970 en el casino Horseshoe. Disfrutaron de jugar en un entorno legal y amable, gamblearon en unas cuantas partidas en diversos formatos y finalmente votaron a Johnny Moss por aclamación como el mejor jugador de aquella reunión.

Las WSOP empezaron a tomar nombre, el Main Event adquirió entidad propia y Doyle Brunson fue su primera gran estrella, ganando en dos años consecutivos y con la misma mano, T2, una anécdota que nos encantaba a todos los recién aterrizados en el póker.

Ahora es tema de conversación entre veteranos y jovenzuelos en las largas tardes de pasillo y terraza cuando se da una eliminación temprana, y cuándo no es temprana una eliminación, en un torneo de póker, pero en aquel entonces cada nueva edición de las WSOP se vivía como una simple etapa en la carrera entre Doyle Brunson y Johnnie Chan por ser el primero en alcanzar los 10 brazaletes, carrera a la que más tarde se unió Phil Hellmuth.

Al acabar el día, lo primero que mirábamos en el chipcount era cuál de los dos había pasado de día en torneos con formatos de los que desconocíamos las reglas, y algún jugador bastante conocido -Phil Laak, por ejemplo-, forjó buena parte de su reputación por ser el obstáculo que impidió a uno u otro ser el primero en alcanzar la cifra mágica.

En el verano de 2005, Chan se adelantó a Doyle por diez días en la consecución del preciado décimo brazalete. Como maratonianos desplomados al finalizar la carrera, ninguno de los dos volvió a ganar en las WSOP.

El coach primigenio

El póker es un hobby muy absorbente, como todo entretenimiento enmarcado en una serie de normas, competiciones, conceptos teóricos y hasta un dialecto propio. Quien llega al póker por primera vez está listo para devorar un torrente de información que enriquece de manera exponencial el disfrute de su práctica.

Todavía bajo el shock los efectos de la onda expansiva de la victoria de Moneymaker, una miríada de nuevos aficionados se lanzaron a la búsqueda de material con la que saciar su infinita curiosidad. ahora disponemos de una variedad absurda de streamings, escuelas, vídeos bajo demanda y guías en las que zambullirnos, pero de aquella el material era muy limitado y de una calidad bastante heterogénea.

Doyle Brunson era el autor de la verdadera Biblia del póker, el Super System, un libro revolucionario que desvelaba uno de los mayores secretos de nuestro arcano universo: el que no apuesta nunca logrará hacer foldear al rival.

Mientras que otros reputados autores publicaban libros sobre las diez únicas manos que debes jugar para triunfar en el Hold’em, Doyle nos ofreció un tratado sobre la agresividad y cómo forzar a nuestros rivales a pagar por odds que nunca fueran suficientes para cubrir el coste de la apuesta. Para su época, en la que se solía jugar para ligar y se apostaba para cobrar solo las manos fuertes, ese libro era una impresora de dinero.

Los rivales de Doyle nos han hecho saber que Doyle ha logrado ser uno de los peores clientes que te puedes encontrar en las mesas durante más de medio siglo, ininterrumpidamente, y eso después de revelar al público cómo lo hacía.

Una marca personal

Doyle siempre fue un outsider de la industria. No me cabe la menor duda de que Pokerstars y Ful Tilt Poker, que contaban entre sus reclutadores con rivales y amigos de Doyle, intentarón incorporarle a sus cuadros. Sin embrago, Brunson siempre fue consciente del valor de su marca.

Nadie más en la escena pokeril contaba con una imagen tan icónica como la de su sombrero vaquero, y sus logros en las WSOP y el éxito del Super System le otorgaban más valor intrínseco a su marca que la de cualquiera de las salas que le podían acoger en su seno.

Casi nadie recuerda que uno de los dominios embargados por el Departamento de Justicia en el Black Friday fue Doylesroom.com. Pues sí, Doyle, un rounder de la vieja escuela, fue de los primeros en aprovechar las bondades de Internet para reforzar su valor publicitario. Tenía un blog, abrió una sala de póker y varias páginas más con diverso contenido relacionado con el póker.

Más importante aún, se supo distanciar antes de la tormenta que supuso el Black Friday. Se pudo erigir como uno de los pioneros de la defensa del póker online tras demostrar que sus lazos con Doylesroom.com llevaban rotos hace tiempo, y sobrevivió a la mala publicidad que le dio su defensa a ultranza de Howard Lederer en los peores momentos del affaire Full Tilt Poker, cuando Lederer le concedió a Pokernews aquella serie de entrevistas en las que rechazaa cualqueir responsabilidad en el fiasco de la sala.

Hasta Phil Ivey fue receptor del odio de la comunidad. En cambio, el estatus de Brunson se sostuvo incluso ante la mayor catástrofe de nuestra industria.

Una estrella de la televisión

¿Que fue lo que logró distinguir a Doyle Brunson entre el resto de leyendas del póker?

¿Por qué se le recuerda más que a Johnny Chan pese a que el Expreso de Oriente fue el primero en llegar a los 10 brazaletes?¿Cuál es la razón de que su nombre sea más conocido que el de Chip Reese, al que tantos señalan como el mejor jugador de aquella era?¿Cómo su fama pudo superar a la de Stu Ungar, el más legendario ganador del Main Event de las WSOP?

Pues simplemente porque Doyle Brunson se dejó querer por el medio que permitió la expansión del póker a las cuatro esquinas del planeta, la televisión.

Con sus apariciones en Poker After Dark o, especialmente, en High Stakes Poker, el Padrino del póker estadounidense pasó a ser el Padrino del póker mundial.

El aura que desprendió siempre la figura de Doyle Brunson fue alimentada por las infinitas muestras de respeto que le profesaron nuestros ídolos ante una hambrienta audiencia que devoraba el contenido televisivo que apenas daban abasto a producir las salas que competían por el influjo de los nuevos jugadores.

Primero te asombrabas de cómo Daniel Negreanu, Tom Dwan o Phil Ivey empequeñecían a cualquier tipo de competición, y luego eras testigo del enorme respeto y admiración que profesaban hacia Doyle, que presidía aquellas mesas repletas de todo tipo de personalidades encontradas que muchas veces solo coincidían en el respeto hacia la figura de Brunson.

Cuántas horas de televisión se habrán llenado con anécdotas sobre él…

Todo ese bagaje ha perdurado hasta nuestros días, incluso tras su paulatina desaparición de su actividad social tras la larga enfermedad de su mujer y sus propias experiencias con el mal más temido que hay.

Las WSOP le han honrado con el shuffle up and deal honorario en el Main Event y con ovaciones con el salón puesto en pie cada vez que su carrito se abría paso entre las multitudes durante sus últimas apariciones en el festival. El WPT le invistió como uno de sus últimos embajadores para acometer un esfuerzo por globalizar sus operaciones. PokerGO ha publicitado sus últimas apariciones en televisión con mayor gloria aún que sus primeras, cuando ya era una leyenda.

Toda la industria se ha esforzado en mantener vivo su recuerdo y que cada nueva hornada de aficionados llegados al póker comprendiera el alcance de sus logros y de su influencia en el póker actual.

Se nos fue el señor Brunson, aquel que se dejaba ganar torneos en los albores del póker competitivo para que su familia no descubriera a lo que se había estado dedicando la antigua estrella deportiva universitaria, piadoso miembro de la religión baptista e hijo modelo, que una vez estuvo jugando cinco días seguidos hasta ser vencido por los mareos y el agotamiento. La encarnación viviente del Texas Hold’em, un formato que consideraba menos divertido que cualquier otro, y que siempre peleaba por dejar fuera de las salas que contenían las partidas privadas más importantes de Las Vegas.

Se nos fue Brunson, pero nos queda Doyle. Nuestro padrino.

Archivo fotográfico de Pokernews, WSOP, Universidad de Las Vegas, WireImage y PokerGO.

 

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