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Ramón Miquel acaba cuarto en el Main Event Internacional de las WSOP. Salas, campeón

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2020 y las World Series of Poker nos plantean una complicada disyuntiva, sumar peras con manzanas. Son formatos tan diferentes como el dí­a y la noche, pero si somos magnánimos y jugamos todos a lo mismo, se puede decir que el cuarto puesto obtenido por Ramón Miquel Muñoz en el Main Event Internacional jugado en Rozvadov es la mejor clasificación de un español en el mejor torneo del mundo desde el triunfo de Carlos Mortensen, acaecido allá por 2001.

De hecho, hay más similitudes con aquel evento que ganó Mortensen que con cualquier otro. Los satélites aún no habí­an democratizado el Main Event por aquel entonces. Carlos jugó contra un field incluso menor que al que se enfrentó Ramón Miquel, muy lejos de las maratones que se pegaron Andoni Larrabe y Fernando Pons en las últimas aventuras hispanas en la mesa final más buscada del universo pokeril.

Las particularidades de la propuesta de este año hicieron que Ramón mejorara el noveno puesto de Pons sin siquiera jugar una mano. La renuncia del chino Peiyuan Sun fue el bofetón de realidad que nos recordó de nuevo a todos que vivimos tiempos convulsos. Sun no quiso enfrentar los riesgos del viaje o las rí­gidas normas impuestas en las fronteras del paí­s asiático, vaya usted a saber; lo fundamental es que ocupó voluntariamente el farolillo rojo que tuvo que aceptar deportivamente Pons en 2016.

Para superar a Andoni habí­a que mejorar la séptima plaza. Habí­a viarios candidatos a abandonar la mesa en los primeros niveles. El stack efectivo de la mesa quedó tocado en la larga burbuja online, y hubo que sacar muy poco plástico del fichero del King’s para organizar al partida.

Damián Salas, el tercero de a bordo del chipleader Bruno Botteon, fue el primero en encontrar manos para pagar los pushes de los shortstacks. Eliminó a Hannes Speiser y Stoyan Obreshkov en el segundo nivel de la FT, y dio caza al brasileño.

El trí­o de cabeza lo completó Manuel Ruivo, que procedió a ganar otro all-in de poco más de 10bb a Domynikas Mikolaitis. El lituano fue el único en doblar a un shortstack, el suizo Streda, y lo pagó con la sexta plaza.

Antes de que nadie se encontrara con el spot adecuado para pagar alguno de los pushes de Ramón, se vino la mano que definió el torneo. Salas atacó la ciega de Botteon. Nadie se decidió a reclamar para sí­ un flop d9h6s5, pero el ht del turn animó a los contendientes a sumar un par de ciegas por cabeza al bote. Botteon volvió a chequear el d4 del river, y Salas metió 3/4 de bote a ver qué pasaba. Botteon sorprendió con un raise a 5.000.000, la mitad de su resto. En caso de call del argentino, lo que se proponí­a era un bote en el que habí­a metidas el 40% de las fichas del torneo. Salas aceptó el órdago con ckst y pilló a Botteon convertiendo un c9c7 en farol.

Miel sobre hojuelas para Ramón, que de pronto se veí­a a tiro de piedra de la segunda plaza, pese a mantenerse en las 15bb con las que llevaba batallando desde el inicio de la partida. No duró mucho abierta esa ventana, pero se saldó con un nuevo salto de premiosBotteon recuperó una pequeña parte de lo invertido en el farol y Ruivo le ganó un setup fatal a Streda, AA contra AK.

Ruivo se llevó un susto y tuvo que arriesgar el torneo contra Salas. El portugués salvó el cuello que Ramón Miquel espraba ver cortado. En su papel de observador privilegiado de los navajazos entre sus tres rivales, el barcelonés se encontró con que las ciegas se habí­an comido su stack. La dinámica de la mesa exigí­a un mí­nimo rango para intentar el robo. Ni llegó la mano buena ni el spot adecuado, y Ramón murió con dos ciegas a su nombre y flipeando contra Botteon.

Salas tení­a 27M, Botteon 6M y Ruivo casi 5M, con ciegas de medio kilo, pero el torneo no estaba tan decidido como parecí­a. Bruno cerró el hueco con el argentino, que se volvió a escapar eliminado a «fellatiado». Bruno volvió a la carga en el heads-up y obtuvo un empate técnico momentáneo.

Al final, la partida se decidió a la brasileña. Los escandinavos del hemisferio sur nunca dejan de pelear sus semifaroles. Botteon se vio con cuatro corazones en un bote limpeado y chequeado en el flop. La pasividad previa hizo que le cupieran un raise en turn y un push en river cuando no se completó su color, y Salas tuvo un fácil call cuando la última calle le dio dobles.

El dí­a 28 se juega en el Rio la mesa final del Main Event Doméstico. El campeón del torneo se enfrentará a Salas con un 1.000.000$ extra en juego en la ví­spera de Nochevieja, para evitar que 2020 termine sin un nombre al que declarar campeón oficial del Main Event 2020.

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