Siete días han pasado desde que Winamax pusiera punto final a su festival con más participación y premios repartidos hasta la fecha con la celebración de las finales de los torneos más deseados de su calendario.
De entre todos, el evento que más expectación había levantado -y que más dinero recaudó- fue el 4 Million Event.
El ganador del segundo mayor premio de la historia de Winamax en el mercado regulado resultó ser uno de los nuestros, un jugador español que eligió como nick una referencia al cine japonés «Yojimbooo«, variación del título de un film de Akira Kurosawa. Este jugador de Denia descubrió el póker a través de una ruta muy transitada, la que lleva del ajedrez al póker. Ambas disciplinas precisan de una dedicación que se ve mucho mejor recompensada en el juego de naipes, algo que descubren muchos de los practicantes del ajedrez cuando empiezan a explorar la Red en busca de oponentes.
«Empecé jugando torneos micro, porque si algo llamaba mi atención del mundo del ajedrez, era el aspecto competitivo de las partidas, algo que me pareció muy similar a los torneos. A partir de ahí, intenté aplicar la metodología aprendida en el ajedrez y el componente mental que tiene. Eso me ayudó a entender el juego y seguir creciendo y mejorando«.
La base de datos de Winamax escondía una noticia aún más sorprendente, el registro de «Yojimbooo» en el torneo procedía de un satélite gratuito, de los que se ofrecían com obsequio por hacer un depósito para jugar durante el festival.
«Venía de conseguir algunos buenos premios en otra sala, algo así como 3.000 o 4.000 euros en las últimas semanas, pero en Winamax nunca me habían acompañado los resultados, aunque sentía que tarde o temprano, debía saldar esa deuda. Ingresé 120 € para beneficiarme del bono WSERIES30 y poder así participar en los tres freerolls que entregaban entradas para el 4 Million Event. Los dos primeros, los más masivos, los busteé pronto sin demasiada opción a recompensa, pero en el último, el que entregaba 80 entradas a sus participantes, fue donde conseguí mi ticket para jugar el torneo más importante del festival«.
El equipo de comunicación de Winamax, con Alex Hernando al mando, ha seguido indagando en este increíble desenlace, que mejora a cada párrafo según profundiza en la historia de su protagonista.
Luciano, de 44 años de edad, es la encarnación de un tipo de jugador que se encuentra a medio camino entre los estereotipos más manidos. Demasiado inconsistente para ser considerado un reg, demasiado apasionado y productivo para considerar al póker un simple hobby.
«A día de hoy, mi única fuente de ingresos es el póker, aunque debo decir que no soy el mejor espejo en el que mirarse por lo que a gestión de banca se refiere. Soy un poco vago, y en cuanto consigo acumular cuatro duros, dejo de jugar hasta que el dinero empieza a agotarse. ¿Me convierte eso en profesional? No lo sé, yo me sigo considerando un apasionado de este juego que lleva años persiguiendo un sueño que hoy parece haberse hecho realidad«.
Fiel a su autodefinición, Luciano necesitaba recargar el cajero para jugar las Winamax Series.
«Venía de conseguir algunos buenos premios en otra sala, algo así como 3.000 o 4.000 euros en las últimas semanas, pero en Winamax nunca me habían acompañado los resultados, aunque sentía que tarde o temprano, debía saldar esa deuda. Ingresé 120 € para beneficiarme del bono WSERIES30 y poder así participar en los tres freerolls que entregaban entradas para el 4 Million Event. Los dos primeros, los más masivos, los busteé pronto sin demasiada opción a recompensa, pero en el último, el que entregaba 80 entradas a sus participantes, fue donde conseguí mi ticket para jugar el torneo más importante del festival«.
Lo de la presión que sienten los jugadores que acceden a torneos y premios de este nivel por primera vez es un clásico de las retransmisiones, pero según «Yojimbooo», para él tener asegurado un buen premio antes de jugarse las seis cifras fue todo un bálsamo. Los bountys ayudaron hasta llegar al dinero, y luego se fueron acumulando premios que borraron todas las preocupaciones de la mente de Luciano. metidos en faena, la particular visión del póker del campeón hizo el resto. GTO contra poker explotativo, no es día ni lugar para ese debate, pero en la crónica del a FT que hace el protagonista hay argumentos para todos.
«Desde que quedábamos 4 mesas en el torneo, hasta sentarnos los últimos siete candidatos en la mesa final, el tiempo pasó volando y ni me di cuenta que ya estábamos en mesa final. Jugué sin ninguna presión, sin miedo y mucho menos una vez llegados ya a mesa final, sabedor que tenía asegurados más de 40.000€.
El ICM es importante, claro está, pero está sobrevalorado. Los humanos no somos objetivos, no nos regimos por las matemáticas, sino por nuestros sentimientos, somos subjetivos. El control de la mesa no entiende de ICM. Se juega con cojones…
Seguramente, muchos de los rivales de la mesa final sean mejores que yo. Paslui y Sheev P. eran buenísimos, pero había jugado bastante con ambos antes de llegar a la mesa final, y sabía que iban a intentar aprovecharse de un perfil como el mío, así que me adapté a ello. Esas adaptaciones claro que influyeron en mi toma de decisiones, aunque admito que ahora, pasados los días, no volvería a hacer esos hero-calls. En ese momento, jugaba para ganar; sentí que todas las estrellas estaban alineadas, pero contra esos dos rivales, sabía que esa era la forma como había que jugarles. Me veía con buenas lecturas de mis rivales, y me limité a seguirlas. Aunque se tardó, porque al inicio de la mesa final nadie quería ser el siguiente en caer, cuando empezaron las eliminaciones, mi confianza fue creciendo. Cada salto de premio me sentía mejor y mejor, y ver que jugaba de túa túa esos rivales que me parecían buenísimos, me hacía creer cada vez en mí«.
¿Qué se siente al ganar un premio así, y más desde la perspectiva de quién ha albergado ese sueño durante más de diez años? A todos nos gustaría saberlo de primera mano, pero también nos conforta escharlo de boca de alguien como Luciano.
«Me quedé frío, petrificado, como si nada hubiera pasado. Me pareció â€natural†si se puede decir así. Es cierto que dos días más tarde, con la adrenalina más baja, es cuando me estoy sintiendo emocionado. He tenido ya tiempo de mirar atrás, recordar muchos intentos, 10 años picando piedra, escuchando cómo mucha gente no creyó en mí y cómo todo el mundo me decía que lo dejara, que dejara de perseguir mi sueño. Ahora ese sueño se ha hecho realidad, y puede cambiar mi vida»







