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El poker y la teoría de la mente

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El poker es un deporte mental y pocos se han ocupado de analizar en qué y cómo influyen en el juego los procesos del cerebro y las distintas inteligencias que poseemos los seres humanos. ¿Paradójico, no?

La racionalidad, la intuición, las percepciones y las sensaciones dominan nuestras decisiones.

Además de pensar, analizar las jugadas y determinar razonadamente la adecuada ¿quién no se ve influido por las cábalas, mufas, sensaciones, impulsos o presentimientos?

Hoy, nuevas teorí­as cientí­ficas están planteando que los pensamientos son tangibles y son, por lo tanto, energí­a transmisible.

No se trata de nociones de la parapsicologí­a ni de pensamientos mí­sticos, sino de investigaciones ligadas y desarrolladas por las ciencias «tradicionales».

Para la fí­sica cuántica, todo aquello que nos rodea es energí­a. Todo el universo es energí­a y, gran parte de él es energí­a mental: vivimos en un universo inteligente.

Esto implica que nuestra vida, por difí­cil de creer que suene, obedece a nuestra mente, y que la mente está conectada a todo lo que nos rodea.

Los aportes de esta ciencia a la psicologí­a individual y colectiva indican que no pensamos individualmente, sino que todos somos parte de una misma inteligencia universal.

Sabemos que es complejo comprenderlo, ya que hemos sido educados desde los parámetros establecidos en la modernidad y en el iluminismo para utilizar predominantemente el lado izquierdo del cerebro, que se ocupa de lo racional y del conocimiento empí­rico: lo comprobable, lo que podemos ver, medir, pesar, etc.

El lado derecho, en cambio, ha sido poco alimentado, y es el que se ocupa principalmente de lo emocional y de lo creativo: sentimientos, intuiciones, la filosofí­a, la religión, etc.

Este nuevo enfoque cientí­fico propone un pensamiento holí­stico, es decir, nos invita a utilizar la totalidad del cerebro, armonizando ambos hemisferios.

El espacio en donde vivimos está repleto de «materia mental», sutil e imperceptible, que vibra impulsada por el cerebro de cada individuo en el universo.

Se podrí­a comparar con la energí­a eléctrica: no la podemos ver, pero sí­ podemos apreciar sus efectos y manifestaciones. La diferencia es que los cientí­ficos aún no han podido medir la energí­a mental.

Si la materia mental está presente en el espacio, podemos entender que los pensamientos ajenos, aunque no nos sean dichos ni manifestados abiertamente, nos afectan y nos «llegan».

Esto es incluso expresado en la sabidurí­a popular, cuando la gente dice que reunirse con personas que tienen «buena vibra» o «mala vibra» los influye. Los pensamientos de otros nos sugestionan e predisponen, a pesar de no poder leerlos.

El cerebro funciona, entonces, como una «antena», que absorbe la energí­a mental que se encuentra en el ambiente. Generamos y recibimos señales en forma constante.

Es más fácil de entenderlo poniendo como ejemplo sentimientos como el miedo.

El miedo se transmite muy fácilmente, se percibe de inmediato, aún sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo. Los demás nos verán como una «ví­ctima temerosa» y nos colocarán en aquel lugar de ví­ctima.

Las emociones se transmiten más fácilmente que los pensamientos porque, según algunas investigaciones cientí­ficas comprobadas, tienen una frecuencia vibratoria más alta.

Para algunos investigadores, hay dos emociones principales de las cuales derivan todas las demás: el miedo y el amor. Las emociones negativas derivan del miedo y las positivas del amor.

Es importante saber que la transmisión a otros de emociones se puede moderar, con algo de entrenamiento y de autocontrol.

No todo pensamiento es transmitido «sin filtro» y sin poder ser reprimido.

Cuando estamos jugando al poker, por ejemplo, es vital reprimir este miedo o saber cómo no transmitirlo, así­ como evitar transmitir la euforia si tenemos una buena mano.

Para aprender a auto controlar las emociones, «leer» las de los demás y reconocer las propias, existe lo que se denomina: «Teorí­a de la mente».

La Teorí­a de la mente es un tipo de inteligencia que no toda persona maneja y es diferente entre los distintos sujetos. Además, requiere de un aprendizaje y entrenamiento.

Si la relacionamos con lo que nos atañe, el Poker, entenderemos lo útil que resulta dominarla ¿Por qué? Porque entenderla y manejarla implica comprender y reflexionar sobre nuestro propio estado mental (nuestras emociones) y sobre el de los demás.

¿Cómo comprendemos el estado del otro? Leyendo señales corporales, observando su comportamiento, conociendo sus creencias, emociones, reconociendo sensaciones universales.

No es una habilidad sencilla de desarrollar, pero es imprescindible para ser exitoso en los deportes mentales.

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