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El poker no se libra de los cacos

No es ni será la última vez que oigamos hablar de triquiñuelas en el mundo del poker. Como en cualquier otro juego o disciplina que destaque un poco, siempre aparecen las «rémoras» que intentan aprovechar su oportunidad para sacar tajada. El problema es que la «picaresca» avanza tan rápido como lo hace nuestra sociedad y claro, sino te preocupas de mirar hacia atrás te podrí­an «pelar«; pero sin jugar una sola mano.

Durante el pasado European Poker Tour de PokerStars en Barcelona, aprovechando el que probablemente ha sido uno de los festivales más espectaculares de la historia del poker, los cacos hicieron su acto de presencia. Eso sí­, estos eran cacos de guante blanco, olví­dense de las técnicas del «Makinavaja».

Como se pudo saber durante la celebración del festival, y tal y como aseguró PokerStars, algunos jugadores sufrieron el ataque de los hackers en sus propias habitaciones. Hackers que intentaron manipular sus ordenaros portátiles para más tarde actuar con premeditación y alevosí­a, dejando claro el nivel de «hijo-putismo» que pueden alcanzar estos amigos de los ajeno. «Jeans» Kyllí¶nen o Ignat Liviu «0huma0» fueron algunos de los afectados y todaví­a deben de tener el miedo en el cuerpo por que el revuelo que se armó fue digno de un guión de la saga «Oceans Eleven».

Podrí­a parecer que Barcelona es una ciudad insegura o en la que los cacos campan a sus anchas, pero lo que ocurrió en la Ciudad Condal es solo un caso más. Hace poco Scott Seiver afirmaba que «también hubo hackers en el EPT de Berlí­n«. Otro de los damnificados fue Jason Koon que durante el EPT de Deauville alertó de una presunta sustracción de 48.000$. Si a estos jugadores o a otros como Daniel Cates le ocurrió esto, lo que está más que confirmado es que nadie tiene el culo a salvo. ¿Quién podrí­a estar detrás de estos ataques a jugadores? ¿tendrán que pensar las salas en destinar una parte del presupuesto de cada evento a poner seguridad personal a los «jugones»? Imposible, el principal problema es que en algunos casos los cacos también son jugadores.

Hace unos dí­as el Daily Telegraph de Londres publicaba un nuevo paso, la evolución del «último choriso». Un jugador llamado Stefano Ampollini fue cazado junto a otros dos «personajes», Gianfranco Tirrito y Rocco Grassanno, mientras utilizaban gafas de infrarrojos. Los sorprendente no son las gafas, lo que llama la atención es que los italianos consiguieron convencer a dos empleados del casino Princess Les de Cannes para que introdujeran en las mesas una baraja con un marcado especial y con la triquiñuela lograron levantar un botí­n de 100.000$, un pellizco que solo los grandes jugadores pueden conseguir limpiamente.

Ampollini esta ahora condenado a prisión, pero ha dejado en evidencia que cualquiera podrí­a atacar los intereses de los jugadores en cualquier lugar del mundo. Hoteles de primera categorí­a, casinos de relumbrón, nadie se libra. En el deporte se ha puesto de moda el «Fair Play«, ¿se podrí­a hacer algo parecido en el poker?.

Probablemente en los garajes donde Al Capone jugaba al poker esto era imposible de controlar, pero el poker del siglo XXI es otra cosa. Es un juego de caballeros, un juego del que vive tanta y tan buena gente que nos da una pena inmensa que unos pocos puedan manchar la imagen de toda la comunidad. ¡Qué los detengan!.

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