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Phil Ivey condenado a pagar 10.100.000$ al Borgata

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El Phil Ivey de los juzgados no es el Red Pro que arrasó en las high stakes de Full Tilt Poker, sino el «RaiseOnce» que perdió millones en PokerStars. El californiano acaba de perder el juicio contra el Borgata, que le exigí­a 15.500.000$ por utilizar un patrón oculto en el dorso de barajas defectuosas para ganar un dineral al baccarat en 2012, aunque la cifra final que ha impuesto el juez es de 10.200.000$.

Ivey utilizó la misma técnica en el Casino Crockfords de Londres, entidad que también acabó enfrentada al gambler en los tribunales por retener las ganancias que suponí­an fraudulentas. El juez británico también falló en contra de Ivey.

Ninguna de las sentencias es firme. La del Reino Unido está apelada, y los interesados han expresado su intención de hacer lo mismo con la de Nueva Jersey. Con estos dos reveses, la banca de Ivey tiene en juego un vaivén de unos 20.000.000$ -los 7.8m GBP que retuvo el Crockfords y los 10,1m$ que Ivey debe devolver al Borgata-.

El Borgata exigí­a que el zarpazo a la cuenta corriente de Ivey fuera aún mayor, pero el juez desestimó que que ni el jugador ni su acompañante durante aquel verano tuvieran que abonar los servicios extra recibidos por cortesí­a de la casa -valorados en 500.000$-, ni los 5.000.000$ en daños que figuraban en la petición.

Esta cuantificación proviene de la calificación que la sentencia hace del sistema empleado por Ivey para ganar la millonada. El juez considera que no existe fraude; su razonamiento para darle la razón al casino es que al utilizar las marcas en las cartas para averiguar su valor, Ivey poní­a las probabilidades de victoria a su favor y como una de las caracterí­sticas que modelan la identidad del baccarat es que la casa tiene una ligera ventaja, en efecto Ivey y el Borgata estaban jugando a un juego distinto, no tipificado por el reglamento, y por tanto ilegal. «El contrato implí­cito que se establece entre el jugador y el casino cuando el visitante solicita jugar estaba corrupto de antemano, y se rompió en cuanto se repartió la primera carta», en palabras de la sentencia.

El dinero extra que pedí­a el Borgata, calculado aplicando los porcentajes habituales al total apostado por Ivey, ha sido considerado como una cifra demasiado especulativa, pues el baccarat es un juego de azar y la cifra puede variar mucho a favor de uno u otro. Las «comps», las invitaciones que los casinos hacen a sus clientes para incentivar el juego y la estancia en el hotel, tampoco deberán ser devueltas. Eso sí­, el juez suma 504.000$ a la factura porque es un dinero que Ivey ganó jugando a los dados, en buena ley, pero utilizando para apostar las ganancias ilegí­timas conseguidas al baccarat.

Los asesores de Ivey siguen agarrándose al hecho de que ningún juez ha detectado malas artes en el proceder de la estrella del poker, que Ivey «derrotó al casino en su propio juego». Pero si bien es cierto que ningún togado se ha atrevido a negar la mayor, poco parece que tenga que ver con el matiz técnico en que se soportan las sentencias, que apelan a los reglamentos del juego vigentes en cada paí­s. Las cuotas que se podrí­an establecer para apostar sobre las apelaciones no parecen muy favorables para Phil.

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