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Regulación del juego online ¡Qué miedito tengo!

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El otro dí­a leí­ en este artí­culo de El Paí­s que se está pensando en regular el juego online. En el mundillo del póquer casi todos los que han escrito sobre el particular reclaman esta regulación. Yo creo que estamos mejor sin que los polí­ticos metan la zarpa. Es decir, si 9 de cada 10 dentistas recomiendan el chicle sin azucar, yo soy ese décimo que está a favor del azucar ¡Viva Celia Cruz!

Nunca os habéis preguntado ¿Porqué un 10% de los dentistas están en contra de los demás? ¿No será porque éstos han madurado y estudiado mejor el tema? ¿Ese 90% no se estará dejando llevar por lo que siempre han creido correcto sin plantearse seriamente el asunto? Personalmente creo que todo es un montaje de la marca de chicles, claro.

¿Porqué estoy en contra de la regulación? Pues es sencillo, los tí­os que van a redactarla creen que tienen color con dos corazones y tres diamantes. Van a legislar sobre algo de lo que no tienen ni idea. A eso añadid que los términos y palabras que van a usar no los entienden ni ellos.

Os pongo un ejemplo. Hace un par de años se aprobó un nuevo Plan General de Contabilidad (con varios años de retraso, claro). Se supone que en la redacción intervino gente del Instituto de Contabilidad y Auditorí­a de Cuentas, que sabe del tema ¡La madre qué los parió! No sólo han cometido «errores» para complicarnos la vida a los que nos dedicamos a esto, si no que hay partes cuya lectura es tan complicada que nos cuesta entenderlo a los «profesionales». Como dice un amigo sobre su mujer: ha nacido para joderme.

El segundo problema que nos vamos a encontrar es el de las competencias de las dichosas Comunidades Autónomas. Desde los desastres de la pérdida de Cuba y Filipinas no recuerdo una decisión polí­tica más desafortunada que la creación de las Autonomí­as. A mí­ lo único que hacen es complicarme la vida. Si ya hablamos de lo que nos ha costado la broma desde hace 30 años, ni os cuento.

El caso es que cada Comunidad querrá su parte del pastel y ahí­ radica el mayor problema ¿Qué ocurre ahora mismo con la legislación sobre el juego «normal»? Pues que en cada Comunidad es completamente distinta. En unas no se puede jugar ni en los Casinos, en otras puedes jugar fuera de los Casinos pero poca pasta, en otras no puedes jugar ni en tu casa con garbanzos… Un desmadre, vamos.

Para acabar de arreglar el asunto, una tí­a del Ministerio del Interior suelta la siguiente prenda:
Según González, el juego y apuestas a través de Internet hay que abordarlas «para proteger a las empresas del sector»

Muchas gracias, Sra. González, pero dedí­quese a proteger a las mujeres y niños maltratados, nuestras calles, nuestras casas y déjenos en paz a los jugadores de póquer. El problema aquí­ es que nos meten en el mismo saco que a los ludópatas, porque en el artí­culo se habla de los concursos por teléfono, televisión e internet. Esos en que llamas a un 806 y te tienen media hora sacándote una pasta. Los muy cabrones se hinchan a costa de los jubilados, pero yo no tengo nada que ver con eso.

Siguen intentando protegernos a consumidores y menores contra la publicidad del sector ¡Manda narices! Un inciso al hilo de esto. El otro dí­a vi en las noticias que pretendí­an eliminar los juegos y pegatinas de los bollycaos y similares para proteger (otra vez, maldita palabra) a los menores contra la obesidad ¡Joder, qué esa gente tiene padres! Esa menor que no puede tomarse un kinder sorpresa, puede abortar sin preguntar a nadie (si tiene 16 primaveras, ojo). Olé.

Lo único que me gustarí­a que regulasen es la fiscalidad. Que me dejaran darme de alta en la actividad de jugador y pudiera presentar mis ingresos y gastos, tributando en razón de mis beneficios como cualquier empresario individual. Pero claro, eso irí­a en contra de todo lo que he escrito en este artí­culo. No es lógico pedir que regulen sólo lo que a mi me conviene y además esperar que lo hagan bien la panda de bandoleros que tenemos por polí­ticos.

No quiero regulación. Quiero que me dejen vivir tranquilo y que sigan pensando que soy un ludópata degenerado que voy a acabar en la puta ruina por mi mala cabeza. Ummm, esto último no deberí­a haberlo escrito porque, conociéndome, entra dentro de lo posible, aunque no por el póquer.

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