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La suerte en el deporte

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Una de las cosas que convierten el fútbol en un negocio profundamente irracional es que todo se juzga por el resultado inmediato sin valorar en absoluto el factor que a corto plazo más influye en cualquier partido o campeonato: la suerte. Esto se aprecia de forma excepcional en los Mundiales. Dunga y Lippi ya tienen la cabeza cortada; a la de Maradona le queda poco y hasta un insigne director de un panfleto deportivo español dijo hace una semana que si España no le ganaba a Chile habí­a que poner a Del Bosque de patitas en la calle. A buen seguro que si nos traemos la Copa, el mismo sujeto pide un monumento a nuestro seleccionador en la plaza de Colón.

Ahora resulta que le hemos ganado a Paraguay y ya estamos ante la mejor selección de la historia. Pocos se acordarán de que si Cardoso marca el penalti y nos manda a casa, este éxtasis se hubiese convertido en una ola de insultos ante un ridí­culo sin precedentes ante un equipo de segunda fila. Igual que nadie se acuerda de que la Eurocopa esa en la que arrasamos estarí­amos eliminados en cuartos si no fuese por la loterí­a de los penaltis.

Nótese que aquí­ estamos en un paralelismo claro con nuestro sentir en las mesas de póquer. Siempre recordamos cuando nuestros ases se estrellan contra unas jotas, pero nunca nuestros bad beats sonrojantes. Nos gusta sentirnos ví­ctimas de una maldición, pensar que el fútbol siempre nos debe algo. Estamos cada cuatro años recordando el codazo de Tassoti, los fallos de Salinas y Cardeñosa, la cantada de Arconada, el arbitraje del egipcio, los penaltis contra Bélgica y hasta la mano negra de Mussolini en el 34. Rara vez se habla de los arbitrajes del 82, de la tanda de penaltis de octavos ante Eire en Corea o del gol agónico de Amor contra Rumaní­a en la Eurocopa del 96, que nos clasificó a unos cuartos de final de los que sí­ se habla porque le metimos un baño a Inglaterra en Wembley y nos echaron… ¡porque nunca tenemos suerte!.

Nos pasamos meses enteros hablando de la convocatoria, analizando a los rivales, debatiendo si Torres o Llorente, si Cesc o Xabi Alonso, si Casillas o Valdés. Buscarle un carácter tan cientí­fico al fútbol resulta menos frustrante que rellenar páginas de periódico y horas de televisión contándonos la verdad, que no es otra que para ganar el Mundial, ante todo, hay que tener mucha suerte. Y es que un Mundial, una Champions, una Eurocopa, no deja de ser una especie de sit and go turbo.

Supongamos que exista una selección tan buena que, descontando ya que está en octavos, le quedan cuatro partidos para ganar el Mundial y los afronta siendo favorita en un 70-30. No creo que un equipo así­ haya existido en los últimos 20 años. Pues bien, esa selección de ensueño sólo será campeona un 24% de las veces (0,7*0,7*0,7*0,7). No es de extrañar que de vez en cuando Grecia o Dinamarca ganen una Eurocopa o el que escribe gane un torneo de póquer.

Y diréis que el póquer y el fútbol son justos a largo plazo… Del póquer, no lo dudo, porque podemos jugar miles y miles de manos. ¿Y del fútbol? ¿Cuántos partidos se necesitarí­an jugar para tener claro que un campeón es realmente el mejor? Fascinante resulta la Liga más larga de España: la Segunda División. 42 partidos, 3780 minutos, fichajes, directores deportivos, cambios de entrenador, para que en la última jornada ocho equipos se jueguen el descenso y baje el Murcia porque en el último suspiro su portero introduzca en su meta un balón que tení­a en sus manos. Es más, entre dos de los que subieron y el Cádiz, que bajó, sólo hubo 21 puntos de diferencia. ¿Era mejor el Hércules que el Cádiz? Kaveson me dirá que sí­, pero no por su indudable saber matemático, sino porque es forofo del Hércules y está en Primera, mientras los amarillos están en el pozo de la Segunda B.

Creo que los jugadores de póquer sabemos de los vaivenes de la suerte más que nadie y esto nos permite hacer estos análisis que ningún medio hace cuando ganamos, ya que por una vez que toca decir que es cosa de suerte es un poco triste. Así­ que la conclusión clara de esta parrafada es esta: si Del Bosque sienta de una vez a Torres, ganaremos seguro porque somos los mejores. ¡Viva España!

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