Desde que las Google Glass salieron a la luz como prototipo, la industria del poker se puso en guardia y fueron prohibidas en muchos casinos del mundo como medida cautelar. Todavía no se sabe todo lo que se puede llegar a hacer con ellas, pero el simple hecho de que cuenten con cámara de vídeo, pantalla y conexión a internet obliga a ser muy precavidos con su uso.
Si el uso de dispositivos móviles ya genera ciertas ampollas, imaginaos lo que puede suceder si todo el mundo en una mesa de poker cuenta con unas de estas gafas. En el MIT, hace meses ya estaban buscando la manera de combinar esta tecnología con la «magnificación euleriana del vídeo» para cazar faroles analizando la fecuencia cardíaca de los oponentes.
Todavía no se ha llegado tan allá, pero A. J. Jacobs, un redactor de la revista Esquire, las puso a prueba en una timba casera con unos amigos y el resultado fue bastante revelador. Jacobs grababa y emitía la partida a través de streaming en directo, mostraba sus cartas ante la cámara y un primo suyo que es jugador profesional salía en la pantalla de las gafas a través de una web cam para decirle cómo tenía que jugarlas.
Al margen de algún que otro problema técnico, la cosa funcionó y Jacobs triplicó su inversión inicial. Al acabar la partida, le contó lo sucedido a sus rivales y les devolvió el dinero. El ejemplo es poco práctico, pero pone de manifiesto la infinidad de cosas que se pueden hacer con las Google Glass.
El veredicto de Jacobs no deja lugar a dudas: Encantadoras, pero peligrosas.
