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Liberad a Willy

La fauna del poker es muy variada. Hay tiburones, hay pescaos y, por supuesto, hay ballenas. Comparten el mismo agua y se necesitan unos a otros para sobrevivir, pero la cadena alimenticia está muy clara. Es muy difí­cil pasar de ser pescao a tiburón y alterar el orden de la Naturaleza. Es lo que todo el mundo desea, evolucionar, mutar y pasar de ser el patito feo a ser el cisne, pero si hay algo que se desea todaví­a más es coincidir en la mesa con una ballena.

Las ballenas son el santo grial del poker. Son personas aficionadas al juego que cuentan con una fortuna desmesurada y que se enteran más bien poco de lo que ocurre sobre el tapete. La verdad es que no les importa demasiado si ganan o pierden, al menos a nivel económico. Lo que quieren es divertirse y si acaso, demostrarse a sí­ mismos que pueden codearse con los grandes, pero la mayorí­a ni eso.

Es impresionante preguntarle a los jugadores más veteranos por la época dorada de las ballenas y comprobar cómo se les iluminan los ojos. Ni siquiera recordando su boda o el nacimiento de sus hijos se emocionan tanto.

No es para menos. Cuando una ballena se sienta en la mesa el mundo se paraliza y nada de lo que ocurra alejado del tapete tiene la menor importancia. Los tiburones se transforman en buitres y revolotean alrededor de la mesa a la espera de un asiento. Una buena sesión con un ballena te puede aportar el bankroll para toda una vida y eso es lo que todo el mundo busca, su gran oportunidad.

En los últimos tiempos y gracias sobre todo a los millonarios asiáticos, las ballenas están resurgiendo. Las partidas de high stakes de Macao atraen a los pros como la miel a las moscas, pero cuidado, alguno está aprendiendo a jugar y podrí­a llegar a convertirse en un buen jugador. El único problema es que cuando no te importa lo que pierdes es más difí­cil ganar.

Entre las ballenas más conocidas destacan Guy LaLiberté, Andy Beal, Major Riddle, Jimmy Chagra, Archie Karas, Terrence Watanabe o Richard Yong.

LaLiberté no necesita presentación. Saltó a la fama en el mundillo al firmar un 4.º puesto en el WPT Championship de 2007. A partir de ahí­, todo fue sobre ruedas y cuesta abajo. Es el propietario del Circo del Sol y eso significa mucho dinero. Los pros le adoran y no es para menos. El canadiense ha donado en toda su carrera online 26 millones de dólares. Los principales benficiados han sido Tom Dwan, Phil Galfond y los hermanos Hac y Di Dang.

Pero la labor pokerí­stica de LaLiberté no se limita sólo a despilfarrar dinero. Como buen empresario, fue el promotor del torneo de poker que ha entregado los mayores premios de la historia: el Big One for One Drop, con 1.111.111$ de buy in. Su lugar en la historia ya lo tiene asegurado.

Andy Beal es un banquero de Dallas y es una de las ballenas más mí­ticas de todas la historia. Pronto empezó a destacar en los negocios y en 2001 le picó el gusanillo del poker. Jugó un poco de cash en Las Vegas y le fue bien, pero decidió que querí­a jugar contra los mejores y que los podrí­a convencer fácilmente con dinero.

Reunió a lo que se denominó «La Corporación», un grupo de jugadores que estaba formado por Jennifer Harman, Doyle Brunson, Chip Reese, Ted Forrest, Chau Giang, Gus Hansen, Todd Brunson y Phil Ivey. Los lí­mites empezaron en 10.000$/20.000$ y acabaron el 100.000$/200.000$. Estuvieron jugando durante años y Beal perdió un total de 16 millones de dólares, a pesar de haber ganado en una ocasión un bote de 11,7 millones.

Poco después se retiró del poker, pero los rumores apuntan a que en 2011 volvió con fuerza a las partidas de Hollywood con gente como Tobey Maguire y que perdió unos 50 millones de dólares. Si es así­, sus pérdidas históricas rondarí­an los 100 millones, calderilla para Beal.

Entre la década de los 60 y la década de los 90, Las Vegas era un auténtico paraí­so para los jugadores. Era la época del «Old School Vegas», en la que se trataba a los jugadores como reyes y a las ballenas como dioses. A esa época corresponden Major Riddle, Jimmy Chagra y sobre todo Archie Karas, protagonista de «The Run» y capaz de perder en millones en cuestión de minutos. Ahora tiene problemillas con la justicia, pero eso ya es otra historia.

Qué buena época aquella.

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