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Poker: A cara descubierta

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Cuando en las Series Mundiales de Poker de H.O.R.S.E. del 2006 con una entrada de 50.000$ en el Hotel Rí­o de las Vegas, en la mesa final con el mano a mano más largo de la historia, Chip Reese, el veterano y experimentado jugador de Ohio, reclinándose en su asiento se llevó la mano a la boca en un gesto impulsivo, algunos incautos pensaron que el veterano campeón estaba ya en horas bajas, así­ lo creyó también Andy Bloch su último rival de la mesa, que se lanzó a re-subir su apuesta para acorralarlo.

El final es conocido, el astuto Chip Reese se alzó con el triunfo embolsándose 1.716.000$, después de simular una emoción que no sentí­a, le hizo creer a su oponente lo que querí­a creer, fue un gran «tell» de farol, logró simular una señal fí­sica que parecí­a la expresión de una emoción descontrolada que los demás jugadores iban a interpretar equivocadamente. í‰l sabí­a que el poker no es un juego de cartas, si no más bien un juego de personas, en el que lo fundamental es el engaño y en el que se pretende negar y esconder las emociones.

En los últimos años, gracias al crecimiento y desarrollo de las salas de poker on line, que supone a su vez, un aumento de los torneos en vivo en los casinos de todo el mundo, se puede comprobar como la mayorí­a de los jugadores visten un uniforme de camuflaje bastante repetido, llevan gafas de sol para ocultar el cómo, el cuándo, el qué y a quién se mira, (que según el maestro Macolis, como sarcásticamente comentó en una crónica, también son útiles para evitar los salivazos de algún jugador subido de revoluciones.

También son frecuentes las bufandas, para no mostrar indicios en el cuello de alteración del ritmo cardí­aco y gorras o viseras, para ocultar señales expresivas de la frente-cejas, aunque también se utilizan como un buen soporte publicitario de alguna sala on line.

Todo ello sirve para constatar la dificultad de escapar a la expresión de las emociones, que son como una marea que se mueve por dentro y lo difí­cil y útil que resulta el control y dominio de las reacciones fisiológicas que genera y desencadenan en nuestro cuerpo, y que inevitablemente se traducen en manifestaciones fí­sicas visibles que acaban saliendo muy caras, como por ejemplo la variación inconsciente de la dilatación o contracción de las pupilas en función del agrado o desagrado de lo que se esté observando, el estado de alerta en el que nos encontremos, o el reflejo externo de las situaciones de defensa o de ataque,etc.., o también la involuntaria alteración del ritmo cardí­aco en situaciones de tensión o de estrés fuertes, o la sudoración de las manos determinada por el grado de ansiedad, o la referente al retraimiento postural, etc., de todo ello hay desarrollados múltiples estudios, destacando el del psicólogo americano Paul Ekman que encontró que las expresiones faciales de las emociones no son determinadas culturalmente, sino que son más bien universales y tienen un origen biológico y estableció en 1978 un «Sistema de Codificación Facial de Acciones» que se utiliza entre otros, en la formación y desempeño de agentes del FBI, y también hay estudios referentes al lenguaje corporal que muchos jugadores dominan de forma natural y que en el poker se denominan «tells», y que se pueden observar con cuidado en las mesas finales de grandes torneos en las que los jugadores van casi a cara descubierta.

Es que el poker representa bien la vida, y una vez que se decide que se juega la mano, hay que conocer los fundamentos matemáticos y de cálculo, emplearlos con agilidad, pero también necesita en cierto modo cualidades opuestas, como la necesidad de una gran experiencia práctica y una gran resistencia fí­sica para que en torneos maratonianos no decaiga la atención y la concentración, además de todo ello, también se necesitan grandes dotes de observación y conocimiento para saber interpretar correctamente las señales que llegan y que cada jugador manda, verdaderas o falsas, por lo que el poker requiere un gran autocontrol emocional, aprender el manejo y afrontamiento al estrés como aspectos psicológicos y no se trata solamente de asegurarse buenas cartas, ya que con una buena mano puede ganar cualquiera. pero con una normal, sólo gana el que maneja estas técnicas concretas y sencillas que se pueden aprender y están al alcance de todos y han sido desarrolladas sobretodo en los últimos 30 años dentro del campo de la Psicologí­a Conductual y Social en general,(comunicación no verbal, lenguaje corporal, kinesia, etc.), y en los últimos 10 años se encuentran también dentro de lo que se ha llamado de forma algo imprecisa la Inteligencia Emocional.

Todo ésto hace todaví­a más completa y más atractiva la práctica del poker, ya que no es ni más ni menos, que el juego de la vida.

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