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La Gran Jugada de Internet

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Sentado en su casa, sólo moviendo el ratón del ordenador, Gonzalo Garcí­a-Pelayo tarda unos 15 minutos en ganar 100 dólares en una mano de Póquer y perder 40 en la siguiente. Frente a él se sientan un jugador de Houston, otro de Staten Island y otros cuatro sin identificar en una mesa virtual de Empirepoker.com, la web de Póquer más concurrida, con 40.000 personas jugando a la vez. Según dice en su presentación corporativa, es más gente de la que cabe en todas las mesas de Póquer fí­sicas del mundo.

Para millones de jugadores como Garcí­a-Pelayo, la Red se ha convertido en una gran timba que funciona 24 horas al dí­a. En ese tiempo se juegan alrededor de 80 millones de dólares, según Pokerpulse.com, una página de estadí­sticas reconocida por todo el sector. El negocio del juego en Internet movió 6.700 millones de dólares en el año 2001, según un estudio de Datamonitor, cuyos datos son aceptados en varias web especializadas. Para este mismo estudio, en 2005 el negocio será de 20.800 millones de dólares y 7,4 millones de clientes en Europa y EE UU. Todo ello en el vací­o legal y fiscal que suele ser Internet.

La mecánica está al alcance de cualquiera. En los casinos virtuales el cliente se registra con un nombre de usuario y una contraseña. También abre una cuenta, que será como su bolsillo en Internet. A través de tarjeta de crédito o de enví­os de dinero por correo, el cliente compra dinero del casino para jugar con él, como si cambiara fichas. El dinero puede liquidarse en cualquier momento por transferencia bancaria. Para jugar es necesario instalar un pequeño programa. La recreación gráfica de las mesas de juego hace la mecánica tan sencilla como si se cogieran las cartas con la mano.

De entre todos los juegos de casino, «el Póquer ha explotado este año», afirma el jefe de uno de los casinos virtuales más grandes de Europa. «A lo largo de 2003 ha crecido seis veces en volumen de negocio», asegura. Según Empirepoker.com, el negocio crece entre un 10% y un 12% al mes.

Garcí­a-Pelayo se ha hecho famoso recientemente fuera del pequeño circuito de tahúres españoles gracias a su libro La fabulosa historia de los Pelayo. En él cuenta cómo le ganó 200 millones de pesetas al Casino de Torrelodones con un método propio para calcular las tiradas de la ruleta. Sin embargo, en Internet sólo juega al Póquer. «En el Póquer juegas contra otro, no contra la máquina», explica. «Una ruleta digital es perfecta, no tiene fallos. Para un profesional no tiene sentido jugar a una ruleta perfecta, porque todo depende de la suerte».

La principal diferencia entre el Póquer del tapete y el de la pantalla, afirma Garcí­a-Pelayo, está en la liturgia que acompaña a la partida. «Aquí­ no hay humo, ni copas, ni putas, ni propinas al croupier o al camarero. Sólo el juego». Las mesas virtuales ofrecen también la posibilidad de jugar sin dinero, sólo para aprender la mecánica. í‰se es parte del éxito de visitas de los casinos virtuales. í‰l es un profesional y juega cuatro horas al dí­a y la mejor mano de Póquer que ha ganado fue de 2.000 dólares en la variedad Texas Holdem.

La confianza es el primer problema al que se enfrentan estos casinos. Jugar sin el dinero fí­sico y sin ver al croupier barajar las cartas «crea un problema de confianza que agarrota el mercado», opina Carlos Lalanda, abogado especialista en juego del bufete Loyra. Por eso, los casinos prestigiosos como Empirepoker.com, Interpoker.com y ultimatebet.com contratan auditorí­as y las presentan como reclamo de confianza.

Los casinos virtuales eluden la fuerte presión fiscal que existe sobre el juego. Por ejemplo, «el casino de Torrelodones paga el 55% de lo que queda en la mesa (las ganancias de cada partida)», explica Lalanda. Las condiciones de los casinos virtuales localizados en paraí­sos fiscales son mucho más ventajosas.

En cuanto al cliente, «no tiene ninguna responsabilidad», dice Lalanda. Un portavoz del Ministerio de Hacienda explica que las ganancias de juego se incluyen en la declaración de la renta, sin importar dónde se juegue. La manera de controlarlo es «rastrear la información de las entidades bancarias», añade. «En España los premios tributan como incrementos patrimoniales dentro del IRPF», explica Lalanda. Pero en la práctica, los premios de Internet «son imposibles de rastrear».

La industria del juego se desarrolló en serio a partir de 2001. En ese año fue el quinto anunciante de la Red, con casi dos millones y medio de anuncios. La empresa CasinoOnNet propietaria de Pacificpoker.com, con sede en las islas Antigua y Barbuda, fue el mayor anunciante del segundo semestre de 2001 en España, con 4,57 millones de euros, según la consultora Infoadex. El doble de publicidad que Movistar.

La publicidad del juego, prohibida en España, es el único aspecto perseguible. La Asociación de Usuarios de Internet recibió «unas 300 quejas de padres y educadores porque los anuncios de casinos estaban en todas las páginas de juegos que frecuentan los niños», asegura su presidente, Miguel Pérez. Desde la aprobación en 2003 de la Ley de Internet, los anuncios prácticamente desaparecieron, ya que el medio es tan responsable como el anunciante.

Cantera de profesionales

Los casinos españoles reciben una media de tres millones de clientes al año desde hace una década. Sin embargo, en 2002 esa cifra bajó en 181.785 personas, un 5,57% menos que el año anterior. Aún no se ha medido la influencia de Internet en esa tendencia.

Pero las salas de juego virtuales empiezan a hacerse un hueco en el mercado mundial del juego. El Póquer en Internet alcanzó la mayorí­a de edad el año pasado, cuando un jugador de 27 años conocido como Chris Moneymaker se clasificó por Internet para el mundial de Póquer de Las Vegas, Estados Unidos.

«Ganó un torneo en Internet con una inversión de 40 dólares», cuenta Albert Tapper, jefe de casinos de Ladbrokes.com. El premio eran 10.000 dólares y un sitio para jugar en el World Series of Poker® No Limit Texas Holdem Championships (el campeonato del mundo de los pesos pesados del Póquer), lo que suponí­a un gran reconocimiento a los casinos virtuales por parte del torneo más prestigioso del mundo. Chris Moneymaker se sentó frente a los tipos más frí­os del circuito cuando sólo llevaba tres años jugando y nunca lo habí­a hecho antes en un tapete real. «Pero asombró a todos ganando el premio máximo de 2,3 millones de dólares», cuenta Tapper. «La historia ayudó mucho a popularizar el Póquer en Internet en Estados Unidos».

El nuevo campeón no habí­a experimentado niguno de los mitos que rodean al juego. Como explica el jugador profesional Gonzalo Garcí­a-Pelayo, éste es un Póquer sin caras, sin miradas o gestos. «No te puedes fijar en nada psicológico para intuir la jugada. A través del ordenador tienes muy pocos datos sobre la psicologí­a de los jugadores. Te puedes fijar en cuánto tiempo se lo piensa o cuánto arriesga, pero no en su cara o sus manos», comenta.

Fuente: El Pais. 29/02/2004

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