Jamie Gold es un mito. Solo por ganar el premio más alto de unas World Series of Poker®, 12 millones de dólares, merece ese reconocimiento. Frente a él, ni más ni menos que 8.773 jugadores, y allí él, con sus cartas, sus fichas y su soberanía a la hora de engatusar. Solo hay que ver el vídeo que acompaña esta noticia para darse cuenta del poder de palabra que tiene cuando las cartas se reparten y las fichas de cada uno se mueven hacia el centro de la mesa.
Jamie Gold es un mito. Pero es un mito herido. Desde 2006 se ha instaurado una nueva normativa en las World Series of Poker® que impiden hablar y debatir a los jugadores cuando están dentro de una mano; y eso a Gold no le gusta un pelo. Este productor y cazatalentos americano aseveró que esta medida era deprimente y hacía que el juego fuese más aburrido.
«No se puede hablar así nunca más, lo cual lo hace un poco aburrido para la gente que lo ve desde la tele y más difícil para los jugadores como yo. La WSOP® cambió las reglas después de que ganase en 2006. No pueden hacer eso, es bastante deprimente».
¿Y por qué? Pues parece bastante claro que Gold ganaba muchas manos gracias a su dominio de determinadas situaciones, sobre todo la de meter presión sobre su contrincante. No picaban a la primera, enseñaba su farol y a la siguiente caían. «La gente piensa que no tengo nada, como vieron en la televisión en los High Stakes, pero en los torneos raramente voy de farol», indicó.
En 2006, el año de su victoria, Gold asumió el liderato durante el tercer día de juego y no perdió esa condición de chip leader en los siguientes siete días de evento. Nunca perdió el primer puesto ni tampoco tuvo que ir all in en ningún momento del torneo. Esa circunstancia le hace enorgullecerse. «Gente a la que respeto mucho como Doyle Bruson o Johnny Chan me han dicho que no se repetirá nunca más. Yo no tengo ni idea si se conseguirá, pero lo que estoy seguro es que me sentí muy especial en este momento», manifestó.
Por último, Gold también habló sobre un tema que está de moda, que no es otro que el de la subasta que vio la luz en mayo donde este ganador del Main Event vendía su brazalete.
«Es una cuestión jurídica de la que no puedo hablar, pero lo que puedo decir es que yo no lo estoy vendiendo. Nunca haría eso. Es realmente lamentable lo que está ocurriendo. Está fuera de mis manos, pero no es algo que me gustaría que sucediese. No lo estoy vendiendo a propósito, no estoy involucrado en la subasta y no veré ni un dólar si finalmente acaba siendo vendido».
