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Estrategia para Short-Handed Limit Hold ´em

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Por John D’Agostino
Traducción autorizada por FulltiltPoker

En las partidas shorthanded, yo juego muchas manos. Tantas que he conseguido tener la reputación de un maní­aco. Pero mi locura tiene un método y al final de este artí­culo estarás de acuerdo conmigo.

Juego desde el Button.

En las manos en que haya tres o cuatro jugadores, suelo subir aproximadamente dos de cada tres veces cuando estoy en el button. La calidad de mis cartas es esencialmente irrelevante. La subida en posición me da el control de la mano y, aun teniendo cartas muy débiles, la presión obliga a los ciegos a conseguir algo bueno en el flop.

Por ejemplo, digamos que subo desde el button y el gran ciego iguala con un par de cartas modesto pero jugable, como podrí­a ser QcTd. Ahora, si el flop trae un A o una K, el ciego difí­cilmente continuará en la mano si pasa y yo apuesto en el flop. De hecho, el ciego pensará en tirar las cartas si no salen en el flop una Q o un T. Si apuesto en el flop y soy igualado o me juegan check-raise, es muy fácil parar el ataque y acabar tirando las cartas. Sé que esta situación se dará en ocasiones, pero me llevaré el bote con la frecuencia suficiente para hacer rentable la agresividad desde el button.

Juego desde el Small Blind.

Cuando juego contra oponentes que suelen subir aprovechándose de la posición, suelo responderles con una agresión desde el pequeño ciego. Si tengo una mano que es probablemente la mejor en una mano con tres jugadorse -un par de cartas tan modesto como A9 podrí­a servir como ejemplo-, prefiero tomar el control de la mano colocando en el bote tres apuestas. Esta acción presiona al gran ciego, ya que si solo igualo la subida del button, el gran ciego tendrá grandes odds (5:1) para igualar la apuesta. Además, en estos casos, prefiero jugar la mano uno contra uno.

Tras ver el flop, apuesto casi el 100% de los casos. Tras representar una gran mano en el pre-flop, quiero forzar a mi rival a tomar una decisión inmediatamente. Una vez veo cómo reacciona el oponente, puedo decidir cómo seguir jugando la mano. A veces tengo que tirar las cartas, pero la presión también fuerza muchas al rival a tirar las suyas.

Juego desde el Big Blind.

El gran ciego es la única posición en la que prefiero igualar simplemente las apuestas pre-flop. De hecho, igualar es mi reacción habitual a una subida del button. Si tengo un par de cartas de fuerza media, puedo ver el flop y decidir cómo seguir. Si empiezo con una mano fuerte, como AA o KK, puedo igualar y buscar el check-raise en el flop. No me gusta poner tres apuestas en el bote desde el gran ciego porque ello anuncia la fuerza de mis cartas a los rivales.

Objetivo global.

Como ya has podido imaginar, creo que la agresividad es la clave del éxito en short-handed Limit Hold ‘em. Las apuestas y las subidas constantes crean dos dinámicas que pueden ser explotadas para conseguir beneficios. En primer lugar, siendo el agresor tengo la oportunidad de llevarme un buen número de botes en los que ni mi oponente ni yo consigamos mejorar nuestras jugadas en el flop. Y en segundo lugar, la agresividad suele llevar a los rivales a tomar muy malas decisiones. Después de poco tiempo, los oponentes igualarán apuestas en cualquier momento sin nada más que un A o un K sin emparejar. Cuando veo que empiezan a actuar así­, juego más tight y solo apuesto las manos que probablemente ganarán el showdown. En ocasiones, mi estilo puede parecer el de un maní­aco, pero en partidas short-handed con lí­mite, funciona.

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