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El espejismo de la edad de oro del poker español

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El poker español está viviendo la era más brillante de su historia justo en medio de una peregrinación forzosa, una hégira que ha provocado que todos esos triunfos se estén celebrando en ciudades del Reino Unido, la República Checa, Tailandia o incluso en Finlandia, como Luis Rodrí­guez, en vez de en nuestro paí­s.

En estos últimos dí­as, a raí­z de un comentario de Sergio Cabrera en Twitter…

… varios de los aludidos, y algunas otras voces autorizadas que se han quedado en la piel de toro, han estado discutiendo las razones de ese estado de forma y el grado en que ha afectado a este surgimiento del poker español ese remedo de la expulsión de los moriscos que ha sido la deplorable regulación del poker online en España.

El desarrollo í­ntegro de los argumentos expresados por unos y otros está en este hilo que creó Vicente Delgado en respuesta a Sergio. Recomiendo leerlo. Desde luego, argumentar sobre por qué los españoles están destrozando las mesas es la discusión más amable y vigorizante que hemos tenido nunca como comunidad.

El punto de mayor discordia es el papel de la regulación en esta súbita ubicuidad hispana en el poker, que nos ha llevado de pronto a tener puestos reservados en la mesa final del Super Tuesday semana sí­ y semana también, y andar ganando tí­tulos de las WSOP, WSOPC, WPT, los mejores festivales online, y hasta un EPT, cuando aquí­, en una década, solo habí­a tocado pelo Carlos Mortensen. Y aún hay quien renuncia a reconocer la nacionalidad del «Matador» por no haber nacido en Valladolid.

Hay mucha gente que se alinea con la idea de que el exilio ha sido el catalizador de la creación de grupos de estudio y cuadras de jugadores que han avanzado mucho más de lo que cabrí­a esperar si se hubieran quedado en España. La huí­da hacia adelante en busca del paraí­so «.com» ha generado un ambiente cartujo en el que nuestros jóvenes jugadores se abstraen y logran una concentración máxima que ha dado sus frutos en forma de resultados excepcionales.

Yo, desde este púlpito al que me dan acceso, quiero aportar mi visión sobre el tema. Y se acerca más a los postulados que aseguran que este es simplemente el siguiente paso en una evolución que se viene gestando desde antes de la regulación, y que en la emigración ha encontrado un mejor laboratorio en el que refinar el proceso. Por no mencionar que la manzana envenenada de la regulación ya no es que no haya ayudado tanto; sino que puede que cause notable retroceso a no muy largo plazo.

Vaya por delante que no compro la idea de la generación espontánea de un grupo de élite hispano en el poker internacional. Lo que vivimos últimamente es el desplazamiento lateral de un trabajo que viene siendo muy recalcable en ciertas ramas mucho menos visibles de este negocio.

Como parte integrante de los medios de comunicación que, queramos o no, generamos corrientes de opinión con nuestros titulares, soy perfectamente consciente de que es virtualmente imposible tratar equitativamente los méritos de cada jugador.

Cuando un jugador gana un torneo, dispongo de notas de prensa, fotos oficiales, desarrollo de manos y otras varias herramientas para crear una crónica, una narrativa que ensalce la hazaña como se merece. Sin embargo, cuando uno de los nuestros domina el pool de ZOOM 500, revientas las mesas de NL1000 en las redes menos trilladas o pela a los seis o siete rivales que tiene a diario en los sits más caros de la Red, esa información no dispone de los canales adecuados para llegar a nuestra portada.

Esta sensación, completamente justificada, de que hemos alcanzado cotas nunca antes a nuestro alcance en los torneos internacionales, está hinchada artificialmente por la falta de referencia a otras modalidades.

Ya desde hace años, jugadores como José Ángel Latorre o Andrés Artiñano están considerados como referentes mundiales en sus disciplinas. Gente como Javier Etayo, Raúl Mestre o Pablo Fernández, solo por nombrar a los que más puedan sonar al rango más amplio de nuestra audiencia -hay muchos más que puede que ni su nick conozcas-, han conseguido que los mejores jugadores de sus respectivas especialidades aprendan a tener cuidado cuando su nick aparece en pantalla.

Pero más allá de de intentar medir el indiscutible éxito de nuestros jugadores de torneos en referencia a otros héroes más anónimos, me quiero referir al momento en que el poker hispano, como lo conocemos hoy en dí­a, empieza a tomar cuerpo. Lo que tienen en común todos estos jugadores que he mencionado es que la base de su trabajo para alcanzar el estatus que disfrutan hoy en dí­a se remonta a fechas muy anteriores a la regulación. Un trabajo pionero y, hay que decirlo, muy generoso.

Sobre todo, lo que caracterizó aquel periodo en el que el poker español adoptó la personalidad que hoy tan fácilmente se le reconoce fue la puesta en común, el interés por la enseñanza y un esfuerzo consciente por compartir los conocimientos por parte de jugadores que se podí­an haber conformado simplemente con sacar adelante sus proyectos personales.

Uno de los argumentos que se usa para defender la importancia de la emigración en el despegue de nuestro poker es la elección de oficinas y centros de estudio y trabajo como asentamiento fuera de nuestras fronteras. Los grinders españoles se agruparon en comunidades como las de Faro, Londres o Bournemouth, de las que han salido los principales protagonistas de esta edad de oro del poker español.

Pero ese espí­ritu viene de antaño. Cuando Mestre empezó a vislumbrar el poker como un medio de vida en el que las matemáticas aseguraban un riesgo mí­nimo de quiebra, arrastró consigo a un grupo de allegados que formaron la primera oficina de poker de la que tengo constancia, y que tuvo un éxito arrollador. En Madrid surgió From Flop to the River. Y no solo oficinas, sino otro tipo de organizaciones como la recordada página de videos de PokerVD o las secciones de estrategia en diferentes foros y webs.

Más adelante, gracias a grupos de chat y a la comunicación ví­a Skype, mucha más gente tuvo la oportunidad de organizarse para mejorar. Luego llegaron las escuelas y los grupos de coach, que universalizaron el concepto. Mucho antes de la regulación, los jugadores españoles dominaron el juego con un número mí­nimo de ciegas hasta el punto de obligar a salas de todo el mundo a eliminar las mesas shortstack, por ejemplo.

Este tipo de organización del trabajo se replicó más tarde en grupos locales como la pecera leonesa, los canarios o PokerCoruña, por donde pasaron protagonistas de la actualidad como Andoni Larrabe, Javier Pérez «elde30cm», Pablo Gordillo o Lucas Blanco, antes de verse obligados a escapar a UK.

Es un modelo que, ya probado con éxito, sí­ que es verdad que se llevó a su última consecuencia cuando la comunidad organizó el exilio en los foros. La emigración no causó la aparición de estas comunidades, pero sí­ creó un caldo de cultivo en el que se diseñaron las más efectivas, lejos de los compromisos familiares y sociales que hubo que dejar lastimosamente atrás. El ritmo de mejora de los miembros de estas oficinas aumentó considerablemente y los resultados han empezado a llegar en un volumen mayor del esperado.

Y hay que agradecer que estos jugadores que han encontrado el éxito fuera de España hayan mantenido la tradición creando sus propias escuelas, sus grupos de estudio y sus ofertas de staking, honrando el espí­ritu original del «mejor contigo, que contra ti». La generosidad al recoger ese testigo es lo que nos ha llevado a donde estamos ahora, siendo capaces de competir con cualquiera.

Pero este indudable factor positivo que ha tenido la regulación a la hora de elevar el nivel de los jugadores españoles, seguramente muy a su pesar, puede verse rápidamente contrarrestado por la pérdida de mercado que venimos sufriendo año tras año en España.

Por mal que se diseñó y por perniciosa que haya sido la Ley del Juego, entre la situación que habí­a al dí­a siguiente de entrar en vigor las nuevas licencias y la que vivimos hoy hay una diferencia como del dí­a a la noche.

En los primeros meses del nuevo reglamento, las salas y las redes que intentaban ganar una cuota en el mercado español mantuvieron un tráfico y unas inversiones que nada tienen que ver con lo que tenemos ahora.

Un jugador habitual de las «.es» podí­a soñar aún con crearse un bankroll que le permitiera intentar el salto al profesionalismo. O aquellos que se iniciaban en el poker profesional y necesitaban más seguridad antes de ampliar las miras de su profesión a mercados como el «.com», podí­an seguir afianzándose y progresar. Jugadores como Juan Pardo o Sergio Garcí­a tuvieron épocas de muy buenos resultados en las «.es» antes de hacer las maletas definitivamente.

Pero si se extiende en el tiempo la situación actual, muchí­simo peor, donde es imposible que un jugador recorra las primeras etapas de su carrera como antes sí­ pudieron hacerlo otros, no habrá relevo para aquellos que nos han puesto en lo más alto.

Por eso he utilizado la palabra espejismo en el tí­tulo.

Ni creo que el incremento de presencia del poker español en el circuito internacional sea un fenómeno espontáneo, ni pienso que es producto exclusivamente del exilio forzoso provocado por la regulación. Es fruto de una adaptación perfecta a la nueva situación, del aprovechamiento de sus especiales condiciones, y del esfuerzo por continuar un modelo de comunidad nacido hace una década.

Pero si no retomamos las condiciones en que se gestaron los cimientos del nivel actual del poker español, la liquidez compartida en nuestro propio paí­s, la edad de oro del poker español será un espejismo porque no tendrá continuación a medio plazo.

Por último, antes de cerrar esta reflexión, no me quiero olvidar de todos aquellos que han intentado encontrar hueco en el reino «.com» y no lo han conseguido. Los que se han tenido que volver. Los que no llegaron a irse. Los que simplemente se apoyaron en el poker como muleta mientras se buscaban la vida en el extranjero, forzados no por la regularización del juego sino por la falta de oportunidades en este paí­s (Jordi, Lucí­a, un besazo). Que no os duela ser testigos de esta discusión que tanto nos enorgullece, pues también estamos orgullosos de vosotros.

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