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Empieza el Big One for One Drop, ajeno a la envidia de los pros

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Hoy se empieza a jugar en el Gran Casino de Montecarlo el torneo más caro de la historia, el Big One for One Drop de 1.000.000€.

Aparte del llamativo buy-in, la caracterí­stica más especial de este torneo es que el organizador, Guy Lalibertí¨, se reservaba el derecho de admisión frente a jugadores profesionales, un tema que ha provocado mucha polémica desde su anuncio y que está marcando las horas iniciales del festival One Drop Extravaganza en el que está incluido.Lalibertí¨ adujo que conocí­a a muchos empresarios que querí­an jugar un torneo así­, pero no lo hací­an por temor a ser «attracados» por los pros. De ahí­ la necesidad de invitación.

Aunque el secretismo alrededor de los participantes se ha alargado lo máximo, hasta el punto de que no se conocerá quién juega hasta el mismo momento en que se dé el «shuffle up and deal», los primeros nombres que se han ido conociendo han generado muchí­sima polémica.

Por ejemplo, era público que Dan Shak iba a jugarlo. Se ha sabido que Mustapha Kanit actúa de coach de Pierre Neuville, y hemos visto una foto del satélite de 250.000$ en que salen Mark Teltscher, Haralabos Voulgaris, Andrew Pantling y Talal Shakerchi.

Con esta información, varios jugadores profesionales que hubieran dado un brazo por hacerse hueco en el torneo con más EV jamás jugado han asaltado las redes sociales para protestar por la presencia de varios regulares del EPT en la nómina de participantes.

Por ejemplo, Haralabos Voulgaris ha sido regular del circuito, sobre todo del estadounidense. Pero también es cierto que hace tiempo que no juega porque piensa que su tiempo ya ha pasado. No está al dí­a del nivel que ha alcanzado el No Limit Hold’em. en realidad, vive, y muy bien, de las apuestas deportivas y de otros negocios. Es considerado el mayor experto en apuestas sobre la NBA y se supone que lo le hace falta el dinero.

Voulgaris ha ejercido de abogado defensor de Laliberté y ha dado respuesta a las preguntas de los pros en Twitter, lo que nos ha ayudado bastante a hacer un resumen de los argumentos más manidos entre los protestantes.

Mike McDonald dice que varios de los nombres desvelados hasta el momento son regulares del EPT. Es cierto que Talal Shakerchi, Paul Newey o Dan Shak utilizan gran parte de su escaso tiempo libre jugando al poker alrededor del mundo, pero en realidad son empresarios multimillonarios que tienen el poker como hobby, no jugadores profesionales. Más complicado es defender el caso de Pierre Neuville, al que conocemos como perenne clasificado por satélite en el circuito europeo. También puede cumplir el criterio, pues hizo fortuna en la industria del juguete y montó una asesorí­a exclusiva para VIPs que dirigió hasta que se retiró en 2008.

Andrew Pantling, por otra parte, era jugador -y ganador- en las high stakes antes del Black Friday. La verdad es que estaba semiretirado del poker, pero no es precisamente el mismo perfil del que venimos hablando. Como dice Voulgaris «siempre habrá uno que estire al máximo el significado de la palabra amateur».

En referencia a las declaraciones de Lalibertí¨ sobre la cantidad de gente que conocí­a que no querí­a jugar contra pros, Dan Smith le pregunta a Voulgaris cuántos de los jugadores del Big One for One Drop 1.000.000€ lo jugarí­an si fuese un evento abierto, dejando entrever que no se creí­a al fundador del Circo del Sol. Aqu, al no saber quién más juega tenemos que fiarnos de Voulgaris, que le responde que solo lo harí­an un máximo de cuatro o cinco.

También se unieron a la discusión otros jugadores como Kevin MacPhee, Jonathan Roy o David Yan, todos criticando que algunos de esos nombres se saltaran la prohibición de jugar a los pros, pero el único que dio un argumento distinto a estos fue Mike McDonald, que afirma que una quinta parte del field le ha ofrecido acción, un método de reducción de varianza especialmente caracterí­stico de la mentalidad de un pro.

Mientras unos discuten en las redes, otros están ya en Montecarlo para jugar. De este torneo saldrá un premio de ocho cifras, que según el número de jugadores y recompras -¡sí­, recompras de un kilo!- puede llegar a superar los 14.000.000€. Un premio destinado al podium de los mayores de la historia junto a los de las dos ediciones previas del Big One for One Drop jugados en Las Vegas.

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