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El salseo del Hustler Casino no cesa: Robo de fichas en la misma partida que el call viral con J4

El caso del J$ se lía todavía más. Garrett Adelstein (en la foto de Pokernews) se cree ya víctima de una conspiración que involucra a empleados del casino, jugadores de la partida y otras personas cercanas a los responsables del streaming.

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El paso de los días no está ayudando a que se apaguen los ecos del caso que tiene más intrigada a la comunidad del póker.

Las acusaciones de trampas en una partida emitida en vivo por el Hustler Casino, a raíz de una mano que se ha hecho viral, siguen evolucionando y añadiendo nuevos giros al guion, provocando que el anzuelo que nos mantiene enganchados al drama se entierre más y más profundamente en nuestras agallas.

Desde que Robbi Jade Lew decidió pagar un all-in en en turn con J alto y luego fuera incapaz de estructurar una explicación plausible sobre la mano, numerosas personalidades del universo pokeril han escudriñado cada ángulo del caso en busca de la prueba definitiva que le quite la careta a la tramposa o, por contra, que limpie el buen nombre de la jugadora, tras ser coaccionada para devolver el dinero del bote.

Youtubers, pros y aficionados han elaborado teorías acerca de anillos vibratorios, sillas vibratorias, aparatos eléctricos torpemente ocultos bajo unos leggins de marca, dispositivos escondidos en botellas de agua. La última sección de esta paranoica Nave del Misterio es un lenguaje de signos entre la crupier y la jugadora.


Shaun Deeb, Haralabos Voulgaris o Bill Perkins han prometido una importante recompensa económica para cualquier garganta profunda que desvele el alambicado contubernio que permitió que Robbi Lew supiera que iba por delante de Adelstein en ese dichoso turn.

La recompensa acumulada empieza a rivalizar con el tamaño de aquel bote. Voulgaris lanzó el guante a Perkins para poner 100.000$ por cabeza para sacar de su madriguera a quien quiera destapar el fraude, si este existe (Perkins aceptó).


En medio de toda esta vorágine, con el ventilador esparciendo salsa por doquier, la anunciada investigación interna del Casino Hustler ha dejado caer otra bomba nuclear sobre el caso.

Resulta que durante el examen de todas las grabaciones recogidas por las diversas cámaras existentes en la zona de high stakes del casino, a pesar de no surgir evidencias notables en relación a las posibles trampas o el método empleado para llevarlas a cabo, sí que se aprecia cómo un empleado del casino se apropió de 15.000$ en fichas del stack de Lew.

Las conjeturas a las que da paso esta revelación son apasionantes en cualquier dirección en que se decida mirar. O bien Robbi Lew tenía un cómplice que se quiso cobrar sus servicios por las bravas y ante las cámaras de seguridad, o en la partida más famosa de la década Robbi Lew no solo fue acusada de tramposa, sino que también sufrió un robo para rematar su calvario.

La puerta recién abierta en este vodevil esconde un nuevo y desquiciante capítulo de contradicciones en la figura de Robbi Lew, quizá el que más apoyos le esté restando.

Cuando el responsable de la investigación se puso en contacto con la jugadora para darle cuenta de la apropiación indebida de sus fichas por parte de un empleado del casino, Lew renunció a presentar cargos.

Más tarde se erigió en portavoz del susodicho, aireando unos presuntos mensajes privados en los que este empleado, Bryan, está tan agradecido por la compasión mostrada por la jugadora que se pone a disposición de ella para limpiar su nombre de cualquier implicación entre ambos.

En el mensaje menciona a Joey Ingram, al que se ofrece a poner en contacto con el tal Bryan para una posible entrevista. Los numerosos seguidores del youtuber, que ahora, debido al salseo, también lo son en gran parte de la acusada, enseguida comenzaron a arrojar dudas sobre la veracidad de estos mensajes privados, señalando varias coincidencias con el estilo de escritura de diferentes tuits de Lew.

El testimonio exculpatorio se empezó a tornar en incriminatorio, y la reacción que provocó en al autora del tuit fue la publicación de un nuevo mensaje en redes sociales en el que dice que ha recapacitado y que, a la luz de nuevos sucesos, ahora sí que va a presentar cargos por robo contra el empleado del casino.

La excusa para este súbito cambio de idea es que habrían aflorado ciertos antecedentes criminales del tal Bryan. Lew, en principio, fue informada que el presunto delito por robo sería el primero en el expediente del atribulado ladrón, y no quería agravar la lastimera situación que describe en sus mensajes privados, pero que una vez le hicieron llegar su historial, para nada inmaculado, ya no ve razón para no emprender acciones legales.

Esta es otra inexplicable sucesión de acontecimientos, que empaña aún más la visión general del caso, y más sabiendo que este Bryan no era un simple empleado más del Hustler. En los tuits recuperados por Joey Ingram de la cuenta borrada de Twitter por el presunto ladrón, Bryan afirma ser el empleado más longevo del equipo de producción, que empezó a cargo de aspectos de sonido de las emisiones del Hustler, pero que ascendió en el escalafón con los años y había pasado a estar a cargó de gráficos, cámaras y más aspectos del streaming. Básicamente, el cómplice perfecto para un fraude como el que se puede sospechar que se llevó a cabo en la mano de J4.

Después de todo esto, Adelstein está completamente seguro de que fue objeto de una conspiración en la que están envueltos Robbi Lew; Bryan, el empleado del casino; Darren «Beanz» Attebery, que es quien movió los hilos con el Huster para que Lew empezara a tomar parte en las partidas; y Jacob «Rip» Chavez, bancador de Lew y jugador en la partida.

La próxima temporada del culebrón no tardará en aparecer en nuestras pantallas. De eso es de lo único que podemos estar plenamente seguros por el momento.

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