Doyle Brunson ha compartido con todos sus seguidores de Twitter la alegría por una nueva victoria, esta vez fuera de las canchas.
Sobrio, con el poso que da la edad y la desafortunada acumulación de experiencias al respecto, Brunson le dice adiós a un carcinoma de células escamosas, el sexto del que se trata en sus 81 años de vida.
La operación fue a principios de marzo, pero nunca se puede dar por vencido el cáncer hasta que los médicos confirman que la cirugía ha dado resultados positivos. Y ya le ha llegado esa confirmación.
Cancer #6 gone. Squamous carcinoma gone bye bye. Just another scar on an already scarred up face.#Mosetreatment #luckyman #tyJesus
— Doyle Brunson (@TexDolly) 18 de abril de 2016
Pese a que alguien pueda querer darle relativa importancia de la dolencia y la operación -el tratamiento Mohs es una microcirugía, aunque permite estudiar in situ las células y ampliar el radio de intervención si fuera necesario-, Doyle sabe que un triunfo contra el cáncer es algo que celebrar. Además, su nueva cicatriz era bastante llamativa (subió la foto a Internet el mes pasado, pero ya la borrado).
La dolencia que ha sufrido Brunson tiene muy pocas probabilidades de extenderse, pero como cualquier otro tipo de carcinoma, el miedo a la metástasis siempre está presente. El texano ha pasado con anterioridad por diagnósticos mucho más alarmantes y ha tenido incluso que escuchar como le ponían un plazo a su vida. En la década de los 60, uno de los tumores que se le producen en la piel se extendió, y aceptó la operación solo para alargar su esperanza de vida lo suficiente para poder conocer a su primer hijo. Sin embargo, después de la operación, el cáncer remitió totalmente.
Gracias a ese milagroso riverazo, Brunson vivió para aprender a concederle la importancia debida a la prevención y, aunque sigue sufriendo el ataque de la enfermedad, siempre ha logrado actuar a tiempo para no volver a pasar por el calvario que tuvo que sufrir de joven.
Después de seis tumores y media docena más de otras cirugías mayores, Doyle puede presumir de una ristra de éxitos en el quirófano que valen más que cualquier trofeo ganado en las mesas. Ya no tiene la motivación ni el aguante para jugar torneos, y no ganará el par de brazaletes que le quedan para igualar el marcador, pero ya ha avisado de que mientras pueda seguirá pelando a sus rivales en las mesas de cash.
Enhorabuena, maestro.
