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Deja de enseñar las cartas, por John Carlisle

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Llevando top pares dobles, Bill aparentemente estaba en buena posición después del river. Pero cuando su apuesta se encontró con un check raise de tamaño considerable, tuvo que observar seriamente la vulnerabilidad de su mano. Sabiendo que su oponente habí­a estado jugando un juego bastante tight hasta ese momento en el torneo, repentinamente sintió incertidumbre sobre su mano. No habí­a posibles escaleras o flush en la mesa, lo cual significaba que su único temor era un set. Aún así­ Bill leyó fuerza en su oponente y la forma de juego de juego de su oponente en el pasado no indicaba que un bluff a secas fuera probable. Bill anunció a la mesa que estaba casi seguro de que se enfrentaba a un trí­o, y entonces mostró su par doble mientras los descartaba. Todos los de la mesa exclamaron en shock, excepto el ganador del bote. Ya que Bill foldeaba, podrí­a haber deslizado simplemente sus cartas al dealer sin siquiera enseñar lo que tení­a. En lugar de eso, dio vuelta socarronamente sus dobles top pares que, de hecho, se habí­an topado con un set. Con ese despliegue, la mesa murmuró con excitación y brilló una mirada de respeto hacia Bill. Bill simplemente moví­a su cabeza.

Fue una decisión impresionante de Bill la de foldear, y un gran error de su oponente el de mostrar la mano armada. El póquer trata mucho más sobre la psicologí­a del contrincante que sobre cartas y matemáticas. A la larga, las cartas siempre saldrán parejas, permitiendo a los jugadores más duros y sabios acumular beneficios a largo plazo usando ese margen psicológico. Al mostrar Bill que habí­a hecho un perfecto fold., les dejó a sus oponentes ese margen psicológico servido en bandeja de plata. En ese momento, Bill pudo disfrutar de algunos beneficios psicológicos positivos.

Bill tuvo la corazonada de que tení­a una lectura de un oponente en particular, lo que lo llevó a foldear una buena mano al enfrentarse con la presión all-in. Cuando su oponente mostró la mejor mano, la lectura de Bill se consolidó. Cuando estos dos se enfrenten nuevamente en el futuro, Bill tendrá la mejor mano. Si el oponente hubiese juntado calladamente las fichas sin dar claves sobre lo que llevaba, Bill se estarí­a cuestionando nuevamente su decisión, mientras aún tendrí­a incertidumbre acerca de si su lectura fue acertada o no. También, la confianza de Bill subió a un nivel más alto cuando vio las evidencias de su buen juego. Un jugador confiado es siempre un jugador difí­cil de combatir. Los jugadores que juegan tentativamente con su autoconfianza oscilante pueden ser forzados a foldear o instados a llamar por veteranos habilidosos. Un jugador confiado generalmente se mantiene concentrado y toma decisiones más claras cuando está sometido a presión. Por último, Bill disfrutó instantáneamente del respeto e intimidación de sus compañeros de mesa cuando el oponente mostró sus cartas. Hay muy pocas dudas de que un par de compañeros de mesa se sentirán en cierta forma intimidados y jugarán más cautelosamente contra Bill, sabiendo que es un jugador habilidoso que puede efectuar sólidas lecturas en circunstancias difí­ciles.

Cuando muestras manos que no debieras mostrar, lo único que estás haciendo es alterar el balance de poder psicológico hacia tus compañeros de mesa innecesariamente. Esto le permite a todo aquel que esté mirando obtener una perfecta instantánea de cómo juegas, brindando información de cómo actúas cuando juegas tus cartas, y algunas veces expones tu falibilidad. Esto les permite a los demás acumular una mayor sensación de confianza, energí­a y poder de percepción. El balance de poder y confianza es vital en una mesa, y nunca debieras dar ese margen pasivamente sin una causa. En la mayorí­a de los casos, es mejor tratar de conservar tu estilo de póquer y tus hábitos como un misterio.

Es preferible tenerlos adivinando: «¿Estaba faroleando? ¿Fui un tonto foldeando? ¿Tení­a yo las nuts?» No muestres un farol sólo para sorprender a la multitud. No debieras necesitar tener el feedback positivo de extraños alrededor de la mesa dándote palmaditas por un bluff. Las fichas debieran ser tu recompensa. No muestres tus cartas sólo porque tu oponente adivinó que eran. La información que deslizas y el poder psicológico que pierdes haciendo eso es invalorable. Si las cosas salen según lo planeado, solo debieras mostrar tus cartas porque son ganadoras en el showdown.

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