El balance final del último evento principal del European Poker Tour, la PokerStars Caribbean Adventure celebrada en Bahamas, ha hecho surgir ciertas dudas sobre la salud del circuito más importante de Europa. El referente del festival, su evento principal, no cumplió las expectativas de participación pese a la drástica reducción en el precio de su entrada.
De nuevo una de arena para el EPT, en una temporada en que va alternando éxitos y sinsabores a partes iguales.
La incertidumbre generada ha sido tanta como para que nuestros colegas de PokerListings decidieran armarse de paciencia y de una hoja de cálculo para machacar las cifras históricas del circuito e intentar con ello alcanzar un diagnóstico certero que aclare de una vez por todas el estado del paciente. ¿Es el EPT la máquina de coleccionar récords que se pudo ver en Barcelona o un imperio en declive que no puede mantener ni una sola temporada los buenos números del estreno en Malta?
Por supuesto, de cara a la galería, en el puente de mando del EPT todo son parabienes y felicitaciones. El presidente del circuito, Edgar Stuchly, cerró los libros de la temporada 11 el pasado abril celebrando por todo lo alto la consecución de un importante hito: Por primera vez, los premios repartidos durante los últimos doce meses en el EPT habían superado los 100 millones de euros.
La importante cantidad de dinero que aportan a la bolsa los participantes de los exitosos paralelos añadidos al cuadro de torneos como el Estrellas o el Eureka y la creciente oferta de torneos en cada parada del EPT esconde la otra cara de la moneda. La recaudación global en los eventos principales sufre un notorio y continuo declive desde 2011, aunque la media individual se mantiene o incluso crece gracias a la reducción de fechas (Gráfica de PokerListings).

El número de festivales organizados durante la segunda mitad de 2014 y la primera de 2015 -siete- igualó la peor marca histórica del EPT y redujo el calendario al mismo nivel que el de sus dos primeros años de vida.
Respecto a la capacidad de atracción de clientes, de nuevo se superaron récords puntuales de participación en Barcelona y Praga, y la incorporación de Malta al calendario se saldó con un rotundo éxito. La cita española se destaca cada vez más y más respecto a sus equivalentes en el resto de Europa, y es en buena parte responsable de mantener la apariencia de fortaleza del EPT a la hora de hacer números.
La nota negativa fue la confirmación de que los números de Deauville siguen en caída libre y de que el espejismo de la recuperación de la Grand Final era simplemente eso, una anomalía en la gráfica descendente del buque insignia del circuito. La gráfica que recoge el número de jugadores totales y de media en cada ciudad es un espejo de la anterior.
En definitiva, la historia que cuentan los números no es tanto que la salud del EPT se pueda poner en entredicho, por que las cifras cuadran, sino que el peso relativo de la recaudación en los eventos principales en las cuentas de la compañía es cada vez menor. El EPT ha decidido concentrar a sus fieles en un número menor de fechas a cambio de alcanzar a un público más amplio con un surtido mucho mayor de torneos.
Y nosotros añadimos. Es una tendencia irreversible y forma parte del plan para el futuro del EPT.
Para la nueva temporada, Stuchly volvió a anunciar en abril apenas media docena de eventos, con la novedad del reencuentro con Dublín y el posible paso por la guillotina de Londres y Deauville, que no se confirmará hasta que se anuncie una última incorporación a la agenda a realizar en el mes de marzo.
Nada nuevo bajo el sol. Medidas similares a las de años anteriores, tendentes a intentar encontrar acomodo al EPT en plazas más afines. La tentación de intentar encontrar otra joya como Barcelona es irresistible.
Sin embargo, la pista más clara sobre el convencimiento que existe en el seno del EPT acerca de del rumbo a seguir en el futuro llegó en agosto.
Puede parecer una medida menor, pero la reducción del precio de entrada al evento principal de la PCA y de la Grand Final de Montecarlo a la mitad provocó que varios jugadores habituales proclamaran su descontento. Jack Salter, actual subcampeón de la Grand Final del EPT, resumió así para CalvinAyre los argumentos más conflictivos contra esta decisión.
«Mónaco es una ciudad rica, y creo que la reducción del buy-in va a conseguir que los jugadores locales pierdan interés, en vez de aumentarlo.
También es malo para los profesionales que viajan con el circuito, pues los gastos son tan altos en esta parada que para muchos de ellos ya no va a salir a cuenta pagar vuelos y hoteles. Y lo más importante, ¡Es la Grand Final! Una entrada más cara ayuda a singularizar su importancia y le dota de prestigio.
Aunque me doy cuenta de que quizá aumente un poco la participación, esta no se va a doblar y el primer premio será mucho menor que en años anteriores.»
Estas mismas declaraciones se pueden aplicar palabra por palabra a la PCA, y si no que les pregunten a los visitantes del complejo Atlantis, y ya se puede comprobar fehacientemente si los miedos de Salter estaban justificados.
En efecto, la participación en el evento principal mejoró ligeramente a la registrada en 2015, de 816 a 928 jugadores, pero tal y como profetizó el jugador inglés, el premio reservado para el campeón Mike Watson antes del pacto -833.260$- fue vergonzosamente inferior a los 1.491.580$ que se llevó Mike Schulz en 2015.
¿Está PokerStars sacrificando relevancia y prestigio para contener la tendencia a la baja en la taquilla de los torneos de alto buy-in? Quizá sea así, pero parece un movimiento premeditado y coherente con la línea que lleva adoptando en las últimas temporadas.
Los festivales del EPT son cada vez más eso, festivales. La localización, la cantidad de torneos y la variedad de formas de disfrutar del poker en el seno de cualquiera de las paradas del circuito es mucho más importante que la relativa magnitud de los eventos principales y la imagen de fortaleza que transmiten en un titular. Y esa es la realidad del circuito a día de hoy.