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El caso del almirante tramposo

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La historia parece sacada de una pelí­cula de David Lynch sobre la América profunda.

Un almirante de la US Navy llamado Timothy Giardina ha sido objeto de una investigación militar, tras ser denunciado por intentar «colocar» fichas ilegales de poker en el Horseshoe Casino de Council Bluffs (Iowa).

La noticia ha tenido un gran impacto en los medios y la sociedad estadounidense, ya que el militar en cuestión es un alto cargo, el 2.º responsable del arsenal nuclear de los EE. UU., nada menos. Hasta el incidente, tení­a un expediente brillante, con diversas condecoraciones logradas a lo largo de sus 34 años de carrera en la Navy.

El almirante fue pillado con varias fichas falsas por los trabajadores del casino, por lo que fue denunciado ante los tribunales militares.

Tras comprobarse que efectivamente las fichas eran falsas, Giardina se justificó afirmando que las encontró accidentalmente en un aseo del casino y que cometió la imprudencia de utilizarlas para jugar.

Inicialmente se le dio el beneficio de la duda. No obstante, la policí­a cientí­fica descubrió restos de su ADN en el adhesivo que convertí­a las fichas de 1$ en fichas de 500$.

Aunque no se conoce cuántas fichas falsas ha colado el almirante, se supone que deben ser muchas, ya que era un jugador habitual del citado casino, donde pasaba una media de 15 horas a la semana y era conocido con un mote, «Navy Tim«. De hecho, tras ser descubierto, Giardina siguió yendo a jugar al casino, como si nada hubiese pasado, seguro de que su posición le salvarí­a de cualquier acusación.

De momento, el almirante tramposo no habrá de enfrentarse a un consejo de guerra. No obstante, ha sido degradado, le han obligado a pagar una multa de 4.000$ y le han instado a abandonar su trabajo en el arsenal nuclear para «recluirse» en una oficina de Washington.

Y por su parte, la red de casinos Horseshoe le ha vetado el acceso a todos sus recintos.

El escándalo Giardina llega en un muy mal momento para la Navy y el ejército, ya que durante los últimos tiempos han proliferado casos de problemas disciplinarios, fallos de seguridad, falta de liderazgo e, incluso, moral relajada.

La situación debí­a ser tan crí­tica que el Secretario de Defensa ya ha anunciado un inminente plan de renovación en la gestión de la fuerza nuclear, tasado en unos 10 millones de dólares.

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