Qué tiempos aquellos. Todavía recuerdo la despedida de soltero de mi buen amigo Eduardo. Por carambolas del destino acabamos toda la pandilla en Benidorm rindiendo homenaje a Pajares y Esteso y alimentándonos en pleno agosto de huevos fritos y bacon regados con cerveza. Todavía se me saltan las lágrimas.
No hay mucho que hacer en Benidorm la verdad, salvo que seas un jubilado o un puñado de cafres sin escrúpulos con gusto por estar en el momento equivocado y en el lugar equivocado. De todas maneras, la cosa podría haber sido bien distinta si mi amigo se casase este verano.
La Dirección General de Tributos y Juego de la Generalitat Valenciana dio un paso importante para satisfacer las demandas del sector turístico de Benidorm. Los hoteles podrán incluir en sus instalaciones una especie de mini casinos, aunque tendrán ciertas restricciones.
Se tratará de unas salas anexas conectadas telemáticamente con el Casino Mediterráneo de Alicante en las que se ofrecerán juegos de ruleta, black jack y poker.
Los hosteleros pretenden que también se puedan ofrecer apuestas deportivas, muy del gusto de los turistas ingleses, y que cada hotel pueda escoger con qué casino quiere trabajar, en vez de estar obligados a hacerlo con el de Alicante, que recibiría ingresos en concepto de canon y alquiler.
La patronal hostelera Hosbec pretende con esta medida «dar una respuesta ágil a una demanda de los turistas para ofertar la posibilidad de jugar en los establecimientos sin tener que recurrir a las empresas que ya lo hacen desde internet, que no crean empleo ni tan siquiera tributan en España».
La cosa pinta bien. No tenía pensado volver a pisar Benidorm en mi vida, pero con esta mejora en los hoteles me lo podría pensar.
