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El alambicado caso entre el Borgata y Phil Ivey termina con un acuerdo secreto entre las partes

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Un acuerdo entre las partes ha puesto fin a la extensa e incierta batalla legal que enfrentaba a Phil Ivey contra el casino Borgata de Nueva Jersey.

El caso, uno de los más renombrados en la industria del juego, comenzó con la reclamación por parte del Borgata de la devolución de más de 10.000.000$ que Ivey ganó en sus mesas en verano de 2012. El Borgata adujo que Ivey y una cómplice utilizaron un defecto de impresión en el dorso de las barajas para obtener una ventaja desleal en las mesas de bacarrat y estafar una cantidad de ocho cifras al casino.

El expediente judicial ha pasado por varias cortes, jurisdiccionales y de apelación, sin que ninguna de las partes fuera satisfecha. El Borgata pareció recibir una mano ganadora cuando la justicia británica le dio la razón al casino Crockfords en una acusación similar, pues Ivey también intentó aprovechar la información privilegiada sobre las barajas en el Reino Unido. A renglón seguido, el juez de la más alta instancia judicial de Nueva Jersey condenó a Ivey a devolver el dinero a finales de 2016, pero le negó al Borgata el derecho a daños y perjuicios.

Durante tres largos años, el Borgata persiguió el cobro del dinero por todos los medios. Consiguieron el traslado de parte del expediente al estado de Nevada, donde pretendí­an embargar las posesiones de Ivey. La búsqueda de activos resultó infructuosa, aunque se vivió un capí­tulo dramático de esta historia cuando el Borgata consiguió embargar las ganancias de Ivey en el Poker Players’ Championship de las WSOP 2019.

De los 10 kilos, el Borgata apenas recuperó 125.000$. La condena del juez de Nueva Jersey impedí­a que Phil Ivey pudiera apelar sin realizar el depósito previo del dinero que le debí­a al Borgata, pero los acusados estaban consiguiendo dilatar en el tiempo la ejecución de la sentencia con discusiones sobre este tecnicismo, alegando indefensión ya que el depósito de semejante cantidad de dinero privarí­a a Ivey de la herramienta principal para desarrollar su profesión, su banca.

Frustrados, los abogados del casino se arriesgaron a elevar el caso a los tribunales federales para castigar la falta de colaboración del jugador. Bajo esta nueva jurisdicción, podrí­an reabrir la causa, añadir nuevas acusaciones de estafa basadas en leyes federales y obtendrí­an una nueva oportunidad para solicitar los daños y perjuicios que les habí­an negado previamente. Por contra, Ivey iba a tener una oportunidad para presentar sus apelaciones.

Expertos en leyes relacionadas con la industria del juego, consultados por NJ Online Gambling, opinan que la defensa de Ivey estaba construyendo un buen caso ante el juez federal, basado en la diferencia entre el uso de información privilegiada y la acción fí­sica de marcar las cartas, muy distinta y que es la que está claramente penada por la ley. Después de la vista oral en el juzgado de apelación federal, que los analistas coinciden en que erosionó seriamente la posición de ventaja que el Borgata traí­a de los juzgados de Nueva Jersey, ambas partes fueron invitadas a reunirse bajo el programa de conciliación para buscar un acuerdo extrajudicial.

El riesgo para ambas partes era muy alto. El Borgata podrí­a ver revocada la condena a Ivey y quedarse sin nada. Sobre la cabeza del jugador pendí­a la posibilidad de que la cifra millonaria a pagar acabara triplicada. En este punto es en el que Ivey y el Borgata han decidido llegar a un acuerdo beneficioso para ambos, del que como hemos dicho antes no se conocen los términos.

Lo lógico es que El Borgata se deba conformar con una cantidad sensiblemente menor a la que buscaba obtener de Phil, si es que recibe algo, pues una victoria del gambler en el juzgado crearí­a una jurisprudencia muy desagradable para MGM Resorts. Como contrapartida, su departamento de relaciones públicas dejará de preocuparse por los defensores de Ivey y de la mala prensa entre los clientes VIP, a los que no les hace gracia que un casino que pierde por una vez se tome tantas molestias en perseguir por los juzgados a uno de «los suyos».

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